viernes, 27 de abril de 2018

"Al final todo va a acabar bien...

...y si no acaba bien es que aún no es el final"

Esta es la frase de la película "El exótico hotel Marigold" (tráiler aquí de poco más de dos minutos) con la que el encargado indio de un ruinoso hotel recién abierto en Jaipur intenta convencer a sus allegados de que el negocio funcionará, a pesar de que los primeros clientes, todos jubilados extranjeros que compraron la reserva engañados por maravillosas fotos, quieren huir despavoridos.

En el hinduismo la frase también podría interpretarse como el final del ciclo de la vida tras varias reencarnaciones que no han acabado bien (karma). Solo cuando la vida acaba bien el alma se libera y ya no hay más reencarnaciones. Pero esto es un sentido demasiado rebuscado para el contexto de la película así que ¡desechado!.

Cuando llegué a Hyderabad en febrero de 2016 y empecé a buscar piso usé las páginas de portales inmobiliarios locales. Recuerdo ver sin sorprenderme demasiado como alguno de los anunciantes incluía como foto de la fachada de su edificio la del hotel Taj Krishna. Otro artista ponía fotos de las habitaciones y en una de ellas se veía el mar por la ventana, lo que estando Hyderabad a 200km de la costa más cercana, era ligeramente desconcertante.

Un Marigold total.

Han pasado más de dos años desde entonces y mañana salgo de India. He acabado el proyecto que me trajo y vuelvo a España a la espera de nuevos destinos. 

Sin embargo ya salí veces anteriores de la misma manera y acabe volviendo con una empresa diferente y un sector distinto. Es decir, que lo único constante en los últimos siete años ha sido India.

La frase inicial me sirve para resumir la estancia: esto ha acabado bien...tiene que ser el final.

Y digo que ha acabado bien simplemente porque he sobrevivido sin sobresaltos y salgo sin haber tenido ningún problema serio en los dos temas que para mi son críticos aquí: salud y tráfico.

En cuanto a la salud, hay una parte que en cierto modo (te crees que) puedes controlar. Cuidando mínimamente comida, bebida, etc reduces mucho el riego de problemas que en general son más molestos que graves. También con el tiempo el cuerpo se acostumbra y no recuerdo en estos dos años haber tenido problemas estomacales más allá de los causados por la glicerina que lleva la cerveza King Fisher, pero esa es otra historia.

La parte que no puedes controlar es más peligrosa. Aquí hay buenos hospitales y no dudo que cualquier tratamiento u operación tiene las mismas garantías que en Europa, pero el hecho de no ser tu idioma, una cultura tan distinta y la distancia hace que la posibilidad de tener que ser ingresado de urgencia o por un periodo largo me ponga los pelos de punta.

Y para pelos de punta, el tráfico. El desprecio por la vida ajena y la propia convierte las horas en carretera en un riesgo inadmisible. Para mi, lo único de India a lo que no puedo acostumbrarme. Por suerte, y es que tristemente la suerte o al menos no tener mala suerte, tiene mucho peso en esto, puedo decir que cierro este periodo sin accidentes.

Llega el momento de decir adiós a India. Veremos qué nos trae el futuro, pero espero que me deje fotos interesantes que seguir poniendo por aquí.

Mientras tanto, unas pocas fotos que tenía por el móvil:

Tendido eléctrico:


¿Armarios de fusibles con puertas?. Nah, así ventila más (no toques)


Cuando es más fácil enrollar que cortar (no toques)


Verano: servicio público de agua potable

Zona rural (Padmajiwadi) - tinajas rellenas por la Autoridad, colgadas de un poste, y con sendos vasos de plástico rojo no vaya a ser que alguien meta su vaso y llene el agua de gérmenes o algo.

Hyderabad centro - caseta primera calidades con tres tinajas que la Autoridad rellena con un camión. Aquí, al haber más nivel, los vasos son de acero inoxidable. Nótese el detalle de que están atados con cadena, no vaya a ser que venga alguno de Padmajiwadi y se los lleve para sus tinajas.

Varias:


"Yo tengo dos cubos de basura. Ayudo a separar en origen: Cubo verde para residuos líquidos, Cubo azul para residuos secos". Los yogures por la ventana. Una vez más parece que si...pero no.

- "Me acompañas al banco y me ayudas con unas gestiones"
- "Bueno"

Trabajo de...bueno, el que cobra por usar el baño público. ¿No os da un poco de envidia?


Primera tormenta (Hyderabad) - Ahora volved a ver las dos primeras fotos arriba sobre la instalación eléctrica y sacad vuestras conclusiones.


El clásico árbol del cobre. Debe ser la temporada del cobre, porque yo lo veo ya maduro. 

Ayuverda, vegetarianos....comida sana: Coctel de tocino, literal.

























Namasté!

domingo, 15 de abril de 2018

Control de velocidad

En India hay un ligero problemilla con la mortalidad en las carreteras al que, seamos sinceros, el desprecio de los conductores locales por la vida - sobre todo de otros, pero también propia - no ayuda a controlar.

Las autoridades intentan establecer mecanismos para que se respeten las normas de circulación, aunque en mi opinión primero habría que definir exactamente cuales son esas normas y explicárselas a los conductores.

En Calcuta estaban en pruebas con radares móviles y en Hyderabad también...bueno, más o menos.

Evidentemente esta es una ciudad de "solo" nueve millones de habitantes y no dispone de los recursos que tienen las megaurbes como Calcuta, pero igualmente los políticos sabedores de su compromiso y responsabilidad publica han realizado esfuerzos sin escatimar en presupuesto para, desde la preocupación que les mueve por el bien del ciudadano, dotar a su policía de los últimos medios en control de velocidad con el fin último de reducir el número de muertes en accidente.

Y la solución no solo es más barata que el tradicional radar, sino que detecta otras muchas infracciones como por ejemplo (sarcasmo en cursiva), gente que no cruza por el paso de peatones, conductores hablando por el móvil, no uso del cinturón o el casco, de tres a cinco pasajeros por moto, que nadie tire papeles al suelo...en fin, las infracciones que comenten solo unos pocos y por las que pagan todos y esta es más o menos la secuencia de aplicación:

1- Policía en cruce vigilando que todo el mundo cumple escrupulosamente las normas de circulación y civismo:




2 - El policía a cargo del dispositivo, sorprendido, detecta una infracción y se pone en alerta: "¿Qué ven mis ojos?, ¡ese loco no ha usado el intermitente!"




3- El policía usa su herramienta de "detección y denuncia de infracciones de trafico" (Patente en trámite) para registrar oficialmente la denuncia.  "¡Te pillé!". Advierto de que a ojos inexpertos puede parecer una simple cámara de fotos:




4- Comprobación de que el dispositivo estaba perfectamente calibrado y que la actuación ha sido un éxito. Vaya, se ha movido y no se ve la matrícula:




5- Nuestro agente de nuevo se enfrenta a la peor parte de su trabajo, las horas y horas de tensa espera hasta que el destino le haga haga estar en el sitio adecuado en el momento preciso para poder presenciar alguna nueva infracción:

......................



............................



...Si, es cierto que durante el medio minuto en que no ha visto nada irregular han pasado por delante de él un montón de motoristas sin casco y se ha tenido que subir a la acera porque una moto en dirección contraria casi le atropella, pero eso son pequeños detalles que han pasado inadvertidos a nuestro héroe anónimo.


6- Tan pronto como recupera la sensibilidad en el brazo, dormido de tenerlo tantas horas para arriba, nuestro protagonista por fin presencia una infracción y puede continuar con su servicio de protección al ciudadano a diestro y siniestro (conforme al orden de las fotos).


a diestro

y siniestro


 Toda la secuencia duró los tres minutos que tardé en pasar el semáforo desde el que saqué las fotos.

Ahora, cuando salgo a la calle a comer me siento más seguro al cruzar. Aunque debo reconocer que no cuento los días que me quedan para salir de India, sino los cruces que me quedan por hacer.

Catorce.

Namasté!

miércoles, 28 de marzo de 2018

Casi total seguridad (II)

Cuando alguien visita India una de las cosas que le llama la atención es la seguridad en hoteles y centros comerciales.

Los coches que intentan acceder al recinto son parados para revisar los bajos con espejos y los guardas de seguridad piden al conductor que abra el maletero para inspeccionar bultos sospechosos.

Una vez te bajas del coche e intentas acceder al recinto todas las entradas están vigiladas por guardas de seguridad y arcos detectores de metales. Es imposible acceder al hotel sin pasar por ellos y sin que te cacheen.

Cuando alguno de mis visitantes ha alabado las medidas de seguridad desplegadas le he hecho dos preguntas:

1.- Cuando han abierto el maletero de tu coche y han visto que llevas una maleta de 20kg, ¿te han pedido que les muestres el contenido?.

2.- Cuando el guarda de seguridad te ha cacheado y tu mochila ha hecho invariablemente saltar el detector de metales, ¿te han pedido que muestres, por ejemplo, lo que llevas dentro del neceser o con mostrar el portátil ha sido suficiente?

La respuesta a ambas preguntas es siempre la misma, y entonces empiezan a ver que no es todo como parece a primera vista y que muchas veces las intenciones son buenas pero la ejecución no.

Hay una obsesión con la seguridad que se disparó con los atentados de 2008. Como en otras muchas cosas, se ponen los medios pero falla la implementación, aunque esto parece no importarle a nadie. Ya hay guardas de seguridad y detectores, ¿qué más da cómo hagan su trabajo?.

Mi gimnasio también es zona segura. Aunque por ahora no controlan lo que llevas en la bolsa (a ver quien se atreve a meter las narices ahí) tienen cámaras instaladas por todo el recinto para dar esa sensación de seguridad que tanto gusta aquí. 

¿Y cuál es el mejor sitio para poner una cámara en un gimnasio?. Una pista,



Efectivamente, el vestuario ¿dónde si no?



La idea es buena y parece que si...pero de nuevo al final no.

Personalmente no me preocupa en absoluto ¿alguien cree que las cámaras funcionan o que alguien las miraría?

Namaste!

lunes, 19 de marzo de 2018

Casi total seguridad

Muchos aeropuertos, incluido el de Hyderabad, tienen un control de seguridad después de recoger la maleta facturada y cuando ya estás a punto de salir a la calle con el objeto de cazar a los que tienen algo que declarar e intentan escaquearse sin hacerlo.

Lo que hace diferente al aeropuerto de Hyderabad es que además de ese control cuya finalidad está clara, tiene otro control de seguridad unos metros antes, justo antes de acceder a la zona de recogida de maletas por la que hay que pasar hayas facturado maleta o no.

¿Pero para qué lo hacen cuando te acabas de bajar del avión y lo único que llevas contigo es una maleta de mano que ha pasado mil controles anteriormente y cinco horas en un avión?.

No lo sé.

Nunca lo he entendido y no me lo he tomado en serio. Nunca me han parado aunque el cinturón o el móvil en el bolsillo hicieran saltar el detector de metales, no he sacado el ordenador de la bolsa ni he visto en estos años que pidieran a nadie que abriera su equipaje de mano para comprobar algún objeto.


A primera vista aparenta seriedad: Tiene dos cintas con escáneres, sus arcos detectores de metales con luces verdes-rojas, y su personal gritando continuamente "saquen los ordenadores fuera de las maletas. Pongan los móviles, relojes y cinturones en la bandeja...usted, ¡descálcese!". Y por supuesto una cola india perenne y perfectamente amontonada ansiosa de ser los primeros en recoger las maletas y salir a respirar el aire limpio de vuelta al hogar.


Inciso aquí: "Hyderabad limpia y verde" es el lema de la ciudad, aunque la calidad del aire hoy era calificada oficialmente como dañina acompañada por un aclaratorio muñequito con mascarilla, lo que ya es mucho calificar cuando el aire normal de por si huele "raro".

Volviendo al control, es exactamente lo mismo que se hace en todos los aeropuertos antes de pasar a las zonas de embarque para subirte al avión y donde el personal de seguridad detecta y decomisa tijeras de uñas, frascos de liquido mayores de lo permitido, mecheros, desodorantes, y demás armas y en el que te hacen quitarte hasta los empastes hasta que el detector de metales deja de pitar.

¿Exactamente lo mismo?. NO. En los detalles está el matiz y hoy han llegado a un punto de dejadez que me ha llamado tanto la atención como para sacarle una foto y escribir esta entrada.

Esta es la foto sacada una vez he pasado el exigente control de seguridad de salida a India:




Lo primero que llama la atención es son unos paisanos quienes manejan los escáneres y gritan las ordenes para que la gente deshaga su maleta en la cinta por enésima vez.

En India la seguridad de los aeropuertos se le confía al ejercito y en los controles de acceso a los embarques son militares armados quienes inspeccionan las maletas, gestionan las colas y te pasan el detector de metales.

Aquí hoy era la señora del sari rosa que está sentada al fondo a la derecha de la imagen y un chaval en el otro escaner, al que no se ve bien en la foto, quienes manejaban el cotarro y voceaban instrucciones a los viajeros.

La gente se lo toma en serio y deshace la maleta, se quita el reloj (a la izquierda recolocándoselo) se vacía los bolsillos (centro con la cajita con las pertenencias), camina enseñando la rabadilla porque sin cinturón el pantalón se le cae (derecha poniéndose el cinturón) y, algunos, hasta se descalzan para pasar por el arco detector de metales...

...Y es ahí cuando te das cuenta de que hoy han ido un paso más allá en su desidia cuando ni siquiera se han molestado en poner a quien tiene que estar de cara al pasajero que atraviesa el arco y decide si puedes pasar o no, así que todo el mundo pasaba a la primera un poco extrañados por lo absurdo de la situación aunque el detector fuera un pitido continuo.

Es la eterna sensación de que parece que si...pero al final no.

Namasté!

lunes, 15 de enero de 2018

Rangolis y clases

Mañana 15 de Enero hay luna llena y se celebra en algunos Estados de India el Pongal que marca el final de la temporada de cosecha, tan importante para millones de personas cuya subsistencia depende literalmente de ella por vivir al día. Se estima que en India la población rural son unos 800 millones.

En ella se agradece al dios sol (Surya) por la buena cosecha haciendo rituales que varian según el Estado.

Como en casi todas las celebraciones se decoran las entradas a las casas pintando el suelo con patrones geométricos y representación de animales, aunque hasta en esto hay clases y quien puede, quiere demostrarlo.

Mitad como rutina de fitness, mitad por instinto de supervivencia, la verdad es que nunca cojo el ascensor en mi casa. Vivo en un quinto y ya venga con maletas o con la compra, nunca encuentro una excusa suficientemente fuerte para usarlo.

Los indios no son muy proclives al movimiento innecesario así que creo que, junto con la mujer de la limpieza, soy el único que usa la escalera en todo el edificio, pero esto me permite inspeccionar el vecindario a diario.

Los vecinos del primero se mudaron al edificio cuando yo estaba ya aquí. Gente fina con un Audi rojo y un perro, que ya es mucho decir en India. Semanas de obras terminaron con su parte del rellano forrada en piedra (si, aquí cada uno hace lo que quiere), un mueble fuera para dejar los zapatos y, lo más intrigante, una estatua de un señor con armadura y tamaño considerable junto al ascensor. Solo eché en falta una fuente con chorro infinito y un jardín japones para que hubiera quedado a tope de gama.

La mudanza acabo con una inauguración en la que llenaron de guirnaldas la escalera hasta la calle para dar la bienvenida a sus invitados, todo escrupulosamente dentro de las normas de la comunidad.


El rellano del primero
Detalle de Rangoli

























Su rellano, que comparten con otro vecino que no se debe atrever a salir por no molestar, parece mucho una habitación más de la casa, tanto que, como en las casas, los zapatos se siguen dejando en medio aunque tengas el mueble zapatero al lado.

La decoración del suelo normalmente se hace con tiza (teóricamente polvo de arroz) y, si hay ganas, se colorea con polvos. Otras veces directamente la pintan con tizas de colores, que da una apariencia parecida, pero no es lo mismo. En los hoteles incluso usan flores para dar color a los patrones.

Estas pinturas se llaman Rangoli y son generalmente realizadas por mujeres en cualquier ocasión especial. Su objetivo es atraer la buena suerte y he leído que los diseños y los finos polvos de colores, representan la transitoriedad y fragilidad de la vida. Aquí todo es místico, como se ve.

La última celebración (Diwali, en Noviembre) se ve que a estos vecinos les dio pereza pintar y compraron una pegatina de medio metro de diámetro que imitaba las pinturas tradicionales. El vendedor les debió convencer de que era mucho más rápida de "instalar"...pero se olvidó comentarles que no se quitaba ni rascando. Ha habido trozos de pegatina adheridos al suelo durante semanas.

Como curiosidad, podéis ver en la foto que las puertas de las casas están muchas veces abiertas sin mayor preocupación.

Como con el Cortilandia, hoy subía por la escalera intrigado por ver que me encontraba esta vez. La pegatina ya me creó dudas de como iban a quitarla desde que la vi, pero la verdad es que ahora se lo han currado y les ha quedado muy bonito dando caché a la escalera.

Adjunto foto en detalle del dibujo para que se valore el esfuerzo. Nada de pegatinas (nunca las había visto ni las he vuelto a ver) sino elaboración artesanal.

Diseño en tiza, relleno en polvos de colores y, en el centro, una vela que no puede faltar y que da un toque espiritual a la escalera por la noche.

La guirnalda de flores sobre la puerta es también muy típica y, unos u otros, siempre encuentras algunas en la escalera como bienvenida a los visitantes, sean dioses o humanos.

Pero claro, subes un piso más y en el segundo te encuentras con la realidad.

El rangoli no es un "cómo se hizo" del anterior ni el rellano está sin acabar. Tampoco son los restos de una celebración antigua.

Este es el estándar que encuentras en general, pero claro, ante una exhibición como la anterior lo mejor es asumir la derrota con deportividad, felicitar al vecino pudiente y asegurarte de que tus visitas suban en el ascensor para evitar que comparen y te den la cena.

No pongo foto de mi puerta porque no me he lanzado a decorarla, pero como siga aquí más tiempo y aprovechando que es el último piso no descarto sacar el sofá al rellano para marcar territorio y ponerme las pilas con WikHow que explica como hacer un Rangoli para dar el campanazo en la próxima celebración.

Que tiemblen.

Namasté!


lunes, 8 de enero de 2018

Asaltante de cajeros

Hoy va una entrada sin fotos. Hace mucho que no escribo y tengo algunas guardadas que espero incluir en alguna entrada tan pronto como junte ganas, pero esta no las requiere.

Después de casi un mes en España he vuelto hoy a Hyderabad. Vuelta de vacaciones, de una estancia más larga de lo normal, de la Navidad...y lo primero que te recuerda donde vas, ya incluso antes de llegar, es el parte meteorológico que da el piloto poco antes de aterrizar: "En Hyderabad tenemos Smog y 17 grados".

En Madrid el cielo estaba nublado y nevaba, en Dubai despejado...¿qué tipo de condición meteorológica es "smog"?. Es el cruce de dos palabros en inglés, "smoke" (humo) y "fog" (niebla). ¿Puede haber algo más motivador para empezar una larga estancia que una contaminación atmosférica con denominación de origen?.

Puede. La contaminación acústica que recibes desde el taxi que te aleja de aeropuerto y te mete en la ciudad. Contaminación acústica con dos focos localizados, a saber: los bocinazos y los eructos del taxista.

Llego a casa agradeciendo que Hyderabad sea una de las ciudades más civilizadas y limpias de India.

Hasta aquí nada digno de reseñar. Por la tarde voy a sacar dinero a un cajero para reanudar mis rutinas diarias y aquí es donde me surge la necesidad de hacer esta entrada.

Con el hartazgo de la mañana, después de recorrer tres cajeros sin dinero (no reseñable) y de irse la luz (tampoco reseñable) mientras operaba en uno de ellos, llego a uno que por fin parece tiene billetes.

Está dentro de un habitáculo minúsculo que por supuesto no se cierra. Si no, no podría entrar gente a ver lo que marcas en la pantalla y la experiencia no sería completa.

Meto la tarjeta y ya tengo uno a mi lado. Le miro. Me mira. No llega a los cuarenta años, ni al metro y medio de altura ni a los 50 kilos. Vestimenta a la moda local, con sus chanclas, pantalones de pinzas y camisa por fuera con diseño y colores vivarachos. Todo le queda de campana.

Me echo hacia la izquierda de la máquina para cerrarle. Me voltea por detrás y se pone a mi derecha. La culpa es mía por dejar tanto hueco. Le miro. Me mira. Le hago un gesto de "¿qué, to bien?". Me sonríe y mira a la pantalla impaciente.

Me echo para la derecha de la máquina para cerrarle. Vuelta por detrás, hueco, y ahí está otra vez en primera línea. Le miro. Me mira. Levanto los hombros "¿qué coj...?". Me sonríe y mira a la pantalla impaciente.

Estoy demasiado cansado para esto después del viaje sin pegar ojo. Paso. Saco el dinero y me retiro del cajero dando un paso atrás mientras le hago el gesto de "venga, ansias". Me sonríe. Ahora no mira a la pantalla.

Extiende el brazo con una tarjeta amarilla en la mano. Me dice "Tres mil"

"¡No hombre, sácalo tú!"

"Tres mil", repite, mientras que con la tarjeta en la mano la extiende hacia mi y luego hacia el cajero varias veces sin dejar de sonreír.

"¡Pero tú sabrás tu código PIN!"

Sonríe. Extiende el otro brazo con la palma de la mano hacia mi cara. Apuntados a bolí cuatro números. Me agita la mano en la cara. "Tres mil".

Le he metido la tarjeta en la ranura, seleccionado el tipo de transacción, pedido que él pusiera el importe (3000, por si había dudas), aceptado, y pedido que él metiera el código PIN que llevaba apuntado en la mano antes de sacarle de su área personal y devolverle la tarjeta.

Me acompañaba un compañero de trabajo y los dos hemos dicho lo mismo: Esto solo pasa en India.

Un sitio peculiar y una situación inimaginable en nuestras cabezas.

Namasté!

lunes, 21 de agosto de 2017

Visita inesperada

Dicen que nunca llueve a gusto de todos, pero con lo que cae durante el monzón es imposible que cada uno no encuentre al menos un día que llueva a su gusto. Fuerte, flojo, de lado, de abajo a arriba...si no te gusta cómo llueve hoy, espera que mañana será distinto.

Ya hemos pasado el monzón y, tras unos días sin lluvia, ahora estamos en lo que he descubierto que llaman "monzón reverso". En definitiva, más lluvia.

Y como es Domingo y el tiempo no invita a salir he decidido comer en casa aprovechando la terraza ahora que no hace calor. Nada ostentoso: una deliciosa "fabada de maleta" que traigo yo mismo acompañada por unos picos Camperos de temporada igualmente importados.

Tras cuidadosa elaboración (microondas) lo pongo todo en una bandeja y salgo a la terraza. Lo dejo en la mesa, engancho la puerta con una argolla que tiene ad-hoc para que se quede abierta, y entro a por algo que me faltaba.

Cuando estoy dentro veo de reojo por la cristalera algo que se mueve y me llama la atención. Giro la cabeza y veo unas patas peludas color canela y una cola encima de la mesa. Casi no cabe entre bandeja con picos y cuenco de fabada, botella de agua, vaso, ordenador y teléfono.

Pienso "¿cómo coj#nes ha llegado un perro al sexto piso?" mientras me acerco muy decidido a la puerta abierta de par en par (y atascada, no lo olvidemos) para echarlo.

Así que girar la cabeza, empezar a caminar hacia la puerta y gritarle es todo uno y con eso debería bastar para que se marchase porque si algo tienen los perros de India es miedo al hombre.

Pero los monos no.

Así que la situación era yo en la puerta abierta de par en par hacia afuera y atada con un gancho gritándole cada vez más bajito a un pedazo de mono que por peso competiría en mi categoría y que, subido en la mesa me quedaba cara a cara en altura y me miraba mientras cogía y soltaba la bolsa de picos y echaba vistazos rápidos al cuenco humeante de fabada aún por empezar que tenía a sus ¿pies?.

Claramente me tenía ganada la posición, había que reconocérselo. Pero es que era un mono superdotado.

En las afueras de la ciudad hay muchos monos, pero en Hyderabad en 18 meses solo había visto uno.

Estábamos sentados en una mesa redonda en la oficina y vi pasar, sin motivo aparente, a un mono por la ventana. Dije "he visto pasar un mono por ahí", mis compañeros se dieron la vuelta, miraron, y dijeron "si, claro" y siguieron con lo suyo. Ahí quedo todo.

Pues ahora lo tenía a metro y medio, a mi altura, y al alcance del móvil, el pórtatil, los picos y el cuenco de fabada.

Como he comentado, conviene saber que un mono no es un perro, así que he seguido gritándole para dejar claro quien era el primate superior allí, pero bajito para no molestarle, y he empezado a buscar despacito a tientas el gancho de la puerta para liberarla y poder cerrarla en caso de que no se diese por doblegado por mi superior intelecto.

Con el valor que te da tener una puerta de por medio y saber abrirla y cerrarla a voluntad, sin perderle de vista he cogido lo primero que tenía a mano, un spray mata insectos, para ver si se asustaba.

He abierto la puerta y le he rociado la cara, a lo que me ha respondido enseñándome los dientes o riéndose, no lo tengo muy claro. Mal vamos. Yo encerrado y él con la comida, portátil y el móvil.

Lo sé, un mono tampoco es un mosquito, pero es que el mata mosquitos Indio tiene una eficacia que me hace suponer que sus componentes serían ilegales en la mitad de los países del  mundo. Pero claro, es un mono de Hyderabad que probablemente escupa alquitrán de todo el humo que traga. Los pesticidas los usa de fijador de pelo.

De repente, en un momento de lucidez la literatura ha venido a darme la solución, y es que hay que leer mucho porque los libros son una fuente inagotable de conocimiento que nunca sabes cuando te puede ser útil...le he dado la vuelta al bote y he amagado con darle con él en la cabeza como en los tebeos.

Mano de Santo, oye. Se ha ido tranquilamente sin llevarse nada con él y ahorrándome el trago de tener que explicar que un mono me ha robado el ordenador en desigual batalla.

Reconozco que ha sido un rato tenso porque por experiencia sé que los monos tienen muy mala leche y muerden, pero aún así nada ha podido amargarme mi comida de Domingo al aire libre.

Mientras disfrutaba mi fabada vigilando con el rabillo del ojo por si volvía me surgían algunas preguntas: ¿habría metido el morro en el cuenco de fabada antes de que yo le viera?, ¿qué cantidad de productos tóxicos del spray habrían caído dentro del cuenco cuando le rocié?, ¿a partir de qué proporción fabada/pesticida empezaría a tener que preocuparme?...en fin, las mismas preguntas que me hago a diario en el restaurante donde como.

Por la tensión del momento no he sido capaz de hacer fotos a la bestia, pero como al final nos hemos hecho amigos ha vuelto a la hora de la siesta para posar (prefiero pensar eso a que ha vuelto a por "más" fabada).






Ahora sabiendo que merodea por aquí me pensaré más dejar las puertas alegremente abiertas porque si se mete dentro me veo compartiendo baño.

Namaste!