Varanasi, también conocida como Benarés, es una de las siete ciudades sagradas de la India para los hindús y, con seguridad, la más importante de ellas.
¿Por qué es tan importante?, porque aquí descansó una de las cuatro cabezas de Brahma, creador del mundo.
Por si eso no fuera suficientemente relevante en si mismo, resulta que también aquí cayó la mano izquierda de Sati, esposa de Shiva, fallecida en trágicas circunstancias (se prendió fuego, dicen).
No es que Varanasi sea grande, es que los dioses le tienen predilección.
Como curiosidad, Sati dio nombre al folclórico ritual en el que la viuda se quemaba en la pira funeraria junto a su difunto marido. Esta inmolación fue prohibida por los ingleses en el siglo XIX, pero al parecer aún se da algún caso (y los que no se sepan) en la India rural profunda.
Millones de profesantes hindús visitan la ciudad para participar en los rituales que se desarrollan en el río Ganges que la atraviesa.
La imagen más típica de Benarés, y seguramente de la India, es la de las escaleras que dan acceso al Ganges (ghats) abarrotadas de hindús con vestimentas de mil colores bañándose en el río, ya que creen que la inmersión en estas aguas les limpia de pecado.
Será por esa función limpiadora por la que el Ganges a su paso por Benarés presenta unos niveles de contaminación preocupantes incluso para los estándares indios, suponiendo que los hubiera.
A esto ayuda la creencia hindú de que quien muere a menos de 60km de Benarés rompe el ciclo de las reencarnaciones, compensando el karma acumulado por acciones pasadas y alcanzando a Brahma, fin último del hinduismo.
Los crematorios que se multiplican a orillas del río no dan a basto para incinerar a tanto peregrino.
Esto hace de Benarés un sitio atractivo para los turistas extranjeros (?¿), donde un sin número de gente viene a morir, es incinerada y echada al rio.
El poder de la ciudad y su historia es tan profundo que el turista que pone un pie en Varanasi, concretamente en cualquiera de sus vehículos, siente la muerte como algo muy cercano.
Para justificar su comportamiento hay que entender que los conductores de Benarés tienen el paraíso asegurado hagan lo que hagan si no se alejan más de 60km de la ciudad. El aeropuerto está solo a 22km, aunque se hacen muy largos.
Jamás pensé decir algo así, pero las calles de Calcuta al lado de Varanasi son un oasis de respeto, educación, civismo, limpieza y silencio.
En la ciudad la tensión es absoluta, pero a diferencia de la carretera, en esta ocasión temiendo por la integridad de los demás ya que abundan las bicicletas, motos y rickshaws que se mueven sin seguir ningún patrón ni norma.
No frena nadie, solo esquivan, las motos llevan los espejos doblados hacia dentro y los coches hace tiempo que los perdieron arrancados, la velocidad es mínima y las caídas en parado continuas debido a enganchones por la falta de espacio entre vehículos y el afán por avanzar a cualquier precio.
Todos los incidentes y jugadas al volante, continuas, se saldan con una mirada de asco entre conductores. Salvo si uno de ellos va borracho, que entonces se pone a golpear el coche, y gritar, y..pero vamos, que eso es otra historia y fue un incidente aislado.
Lo dicho, lo normal es un frenazo seguido de parada de dos segundos para recuperarse del susto, mirada de asco, bocinazo, arrancar, otro frenazo, mirada de asco, bocinazo, arrancar...
Por el día Benarés es una ciudad caótica y si además la estancia coincide con un día auspicioso para bodas según el calendario religioso, la ciudad se convierte en una especie de Las Vegas (pero con más luces) con todos los hoteles ocupados con celebraciones y es recomendable armarse de paciencia hasta límites difíciles de explicar ya que cualquier calle puede ser cortada en cualquier momento por tiempo indefinido y si te pilla, ahí te quedas entre pitidos.
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| Transporte escolar en "cyclovan": Señor penando en pedales y moto haciéndole un interior justito por no cerrar la trazada |
Yo, como visitante raro que me considero, no fui a ver el ritual de los Ghats ni los templos, pero por motivos de trabajo hicimos una "excursión" nocturna que me permitió ver algo que ningún turista a visto jamás durante el día debido a la densidad del tráfico: ¡el asfalto de las calles de Benarés!
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| "ay, ay, ay, ayyyyyy" |
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| "Por fin...reina de la calle" |
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| Vacas esperando a que abran la comisaria para pedir asilo o entregarse, a saber |
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| Chae al carbón en la madrugada. Siempre es hora de té. |
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| Reunión y comida callejera para noctámbulos a luz de la luna |
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| Callejuelas de Varanasi mientras los conductores duermen |
Personalmente, me quedo con la ciudad de noche.
Namaste!