martes, 24 de mayo de 2016

El gimnasio


Dado que ya sabía dónde estaba Hyderabad, la primera información que busqué cuando supe que iba a vivir aquí fue si había 1) Decathlon y 2) tiendas de bicis.

Es una costumbre que cogí en Calcuta cuando las ofertas que hacíamos en otras ciudades parecía que prosperaban e investigaba para saber como se viviría en ellas llegado el caso de tener que mudarme.

Puede que no sea un método muy ortodoxo, pero una ciudad de 20 millones de habitantes donde no hay un Decathlon ni una sola tienda de ciclismo deportivo dice mucho sobre la forma de vida de la sociedad que la habita. Hasta donde sé, es la única ciudad grande de India donde la multinacional, que planea abrir 60 tiendas entre 2014 y 2019, no a puesto el pie. Por algo será.

Según mi teoría, que estoy en tramite de patentar, donde hay Decathlon hay una cultura del ocio deportivo que, a su vez, conlleva otros muchas implicaciones.

Solo por citar como referencia otras dos megaurbes, Delhi, la capital con 24 millones de habitantes, tiene tres tiendas y Bombay, la capital financiera, tiene una. Bangalore (tres Decathlon) es el paraíso indio del ciclista y a parte de Decathlon y tiendas de bicis su ayuntamiento se preocupa de hacer carriles bici en la ciudad.

Vale que están en estado embrionario y que generalmente son tramos sueltos en calles que no sirven para mucho, pero solo el interés ya merece mención y seguro que va a mejor.

Hyderabad, con "solo" 5 millones de habitantes tiene tres Decathlon. Y no solo eso, sino que también tiene un buen puñado de tiendas dedicadas en exclusiva al ciclismo de ocio que, sin entrar a valorar la calidad del material que ofrecen, son la respuesta a una demanda del público.

Dicha demanda se refleja en la existencia de un club ciclista que, sin cobrar nada, intenta coordinar a los interesados de la ciudad para rodar juntos unas cuantas veces por semana con la única condición de llevar casco.

Entre estas quedadas llama la atención lo que llaman "watermelon rides" que hacen una tarde a la semana y que consiste en dar vueltas al lago y, en cada vuelta, comerse una raja de sandia comprada en los puestos permanentes que durante todo el año hay en el paseo del lago. A la cita, a parte del citado casco, agua y parches hay que llevar dinero. El que coma más sandía gana, o pierde, no sé.

Pongo aquí el link porque llama la atención el tiempo que le dedican por pura afición: Hyderabad Biking Club

Solo hay que darse de alta por internet (yo lo hice antes de venir) y puedes comunicarte con ellos para, por ejemplo, confirmar asistencia a cualquiera de las quedadas que hacen varias veces por semana, generalmente para dar vueltas alrededor del lago de la ciudad.

Sin cobrar nada y sin apenas medios, tienen lo que llaman"bike stations" en un par de puntos de la ciudad que son chamizos que les sirven de punto de encuentro y donde te alquilan una bici si la necesitas para salir con ellos.

Prometo que he intentado ir, al menos, a ver lo que se cuece, pero empiezan a las 5:30am y...paso. Pero si que iré a hablar con ellos a la salida de una de sus quedadas vespertinas zampa sandías en cuanto haga menos calor.

El gimnasio (las dos últimas plantas)
Por lo que veo en la web, rara vez se juntan más de tres o cuatro, pero lo siguen manteniendo vivo y tienen más de 7.300 socios, lo que una vez más, incluso aunque como en mi caso no hayan asistido a ninguna reunión (todavía), ya demuestra cierto interés.

Pero mientras llega el invierno y descubro si hay alguna posibilidad de montar en bici en esta ciudad, algo de ejercicio tengo que hacer.

Antes corría de vez en cuando en una cinta que había en el gimnasio de la urbanización, pero ahora vivo en un bloque aislado y no tengo esas instalaciones.

Pese a no haber pisado un gimnasio en mi vida (solo en India y para correr), lo primero que hice el lunes pasado cuando llegué a India fue apuntarme - ¿o alistarme? - en un gimnasio que en proporción calidad/distancia es lo mejor que he encontrado.

En realidad solo visité otro que era mucho más estilo indio, sin ánimo de faltar, así que la decisión fue fácil.

El precio en ambos era similar y ridículamente caro aunque se reducía a bastante (mismo precio que en España...según me han dicho) si pagabas cuatro meses de golpe.


"Bollywood Aerobics"..impagable
Cuelgo la foto de la promoción de verano a la que me he unido y que el señor de la recepción me juraba y perjuraba que acababa el mismo día que visité el gimnasio por primera vez a mediados de abril.

Entré al gimnasio por casualidad ya que estaba buscando una tienda donde recargar el móvil y esto está justo encima, y el señor insistía en que no podía dejar pasar la oportunidad porque era el último día de la promoción a lo que le contesté que seguro que cuando volviera de mi viaje a España él tendría otra promoción para mi.

Me he apuntado a mi vuelta a India (cuatro semanas después) y siguen el mismo señor, el mismo cartel y la misma promoción. Qué cosas.

El Miércoles fue mi primer día. Hice la bolsa con la ilusión del estreno pero la falta de costumbre me hizo olvidar las chanclas para la ducha, aunque curiosamente si eché la toalla, el jabón e incluso el patito de goma. Cosas de la cabeza.

No se me ocurría por nada del mundo ducharme descalzo, así que aproveché el día para entender como funcionaban las cosas y prepararme mejor para la próxima vez.

En el vestuario siempre hay un señor o dos que están ahí para ayudarte a lo que necesites, pero que no dejan de mirar y, francamente, me ponen muy nervioso. Estábamos él y yo solos en el vestuario, separados por un metro. Él de pie y yo sentado en el banco luchando para quitarme la ropa pegada por el sudor del paseo hasta el gimnasio mientras le hacía gestos con la mano diciéndole que estaba todo bien y que me dejara un poquito en paz.

No entendía el lenguaje, pero sabía lo que pasaba, así la situación era bastante ridícula porque hacia que miraba al vacío cuando yo le miraba, pero cuando yo bajaba la cabeza le veía por el rabillo del ojo como volvía a mirarme. Levantaba la vista hacia él, y él cambiaba rápido de nuevo la mirada al infinito del vestuario.

Después de repetirlo varias veces perdió la gracia y decidí ignorarlo.

Debo decir también que después de tres o cuatro días ya también pasa bastante de mí. Se asoma de vez en cuando, pero ya no es lo mismo. Igual debería hablar con él, preguntarle qué ha pasado...

Vamos a jugar. Esto es lo que yo vi en el vestuario:

El juego del vestuario: ¿y tú que harías?


Ummm...cabinas de ducha, toallas con el logo del gimnasio colgadas de las puertas de las duchas y el clásico baúl donde echar toallas mojadas. Un banco para cambiarse, las taquillas, una báscula y un abrillantador de zapatos para demostrar que es un sitio fino. No se ve, pero a mi espalda estaba la zona de lavabos con secador y todo y la de váteres a la que, como no podía ser de otra manera, saqué una foto que he colgado al final de la entrada con un acertijo cómo premio para quien llegue hasta el final de este tocho.

Realmente una pena no llevar las chanclas, porque la sudada aquí está tan garantizada como que ya llego sudando solo del paseo de 20 minutos desde casa.

Tenía que hacer el trayecto de vuelta empapado en el sudor de la ida más el propio acumulado en el gimnasio, pero la verdad es que no me preocupaba porque se trataba de caminar de noche, rechazando ofertas de tuk-tuks que te abordan cada 50 metros echándose encima, entre motos, pitidos, humo, calor y, francamente, los olores así se enmascaran mucho.

A parte de que a medio camino ya no habría diferencia entre si me había duchado o no: estaría igual de sudado.

Aún así, viendo lo visto en el vestuario, fue una mala suerte haberme dejado las chanclas y no, por ejemplo, la toalla.

El viernes volví al gimnasio. Tampoco hay que abusar.

Al hacer la bolsa esta vez me aseguré muy bien de echar las chanclas y sacar la toalla.

Una vez en marcha, todo según lo previsto: sudada para llegar y sudada sobre la cinta, incrementada porque no había luz debido a una tormenta pre-monzon y el gimnasio estaba energizado con un grupo electrógeno que no daba para alimentar al sistema de refrigeración.

Bueno eso creía yo, pero resulta que el aire acondicionado solo se nota a última hora. supongo que porque solo lo encienden cuando hay afluencia de público.

Otra cosa curiosa que me llamo la atención el día que no había luz es que el ascensor estaba conectado al grupo, pero las escaleras estaban sin luz. Por si había alguna duda de que este era un gimnasio con clase, aquí hacer ejercicio fuera de la sala debe ser considerado una ordinariez.

Después de sudar todo lo que se puede sudar me esperaba una merecida ducha. Esta vez tenía todo, ¿o no?. A veeeeer, chanclas, jabón, ropa limpia....si todo.

Dando saltitos de contento me meto en una de las cabinas dejando un reguero de sudor por donde pisaba y disfruto la ducha de agua fría. (no es valentía ni que buscara un shock, es que el agua en los edificios se acumula generalmente en tanques en la cubierta y desde ahí se distribuye, por lo que en verano el concepto agua "fría" es muy relativo)

Al acabar saco la mano y cojo la toalla de la barra. Tiene el logo del gimnasio pero, la verdad, está bastante curtida y con los bordes deshilachados por el roce. Tampoco vamos a ponerle pegas ya que es un detalle que pongan toallas y esos daños supongo que serían la consecuencia de los sucesivos lavados.

Me seco como en casa "tiro-riro-riro" y cuando ya he acabado con ella me acerco a echarla al canasto. Al verlo vacío me extraño un poco y miro a mi amigo de la mirada infinita.

Le hago el gesto internacional de echarla (como si tirase un tiro libre) y me me responde con otro gesto muy sosegado como "dámela que ya me encargo yo, tú no te preocupes de ná rey".

La hago un burruño para que no tenga que tocarla mucho y se la paso.

Se dirige hacía el canasto y me desentiendo, pero veo con sorpresa que se lo pasa de largo, sigue caminando mientras deshace la bola de toalla y termina de doblarla en dos pliegues justo en el momento en que llega a la puerta de la ducha que yo había usado y con un grácil movimiento de brazos, mil veces practicado, deja caer la toalla de nuevo sobre la barra.

Parece que finalmente el roce de la toalla no provenía de los sucesivos lavados.

La escena pasa a cámara lenta ante mis ojos una y otra vez y, por mucho que me haya duchado y frotado desde que llegué a casa corriendo, no he conseguido quitarme el picor del cuerpo.

Momento Paco Martinez Soria: "El gimnasio no es para mi".

Y para acabar, dejo un pensamiento:

La foto anunciada más arriba pertenece a mi colección particular "váteres de de India" (series numeradas disponibles en láminas, serigrafías, vinilos y cartelería gran formato) que con tanto cariño he ido recopilando a lo largo de estos años, pero a parte de eso y de la belleza intrínseca del "bodegón"...¿no hay nada fuera de contexto?

Yo no sé que clase de curry dispensa la máquina de vending del gimnasio pero...¿en serio?..¿una toalla en la puerta del inodoro?.

A mi esto me ha dado mucho que pensar.

Si lo hubiera sabido antes...Esa toalla tiene que estar mucho menos usada que la que yo cogí. ¿o no?

Namasté!

domingo, 22 de mayo de 2016

El final del verano

El verano en India se extiende desde mediados de Marzo hasta mediados de Junio, lo que no significa que la temperatura antes y después sea siquiera llevadera, sino que hace menos calor.

De mediados de Junio a mediados de Octubre tenemos el monzón que no consiste en que un día te levantas y el cielo está negro y ya no ves el sol hasta tres meses después, no, consiste en que un día te levantas y te dices "¡que bien!, hoy parece que hace menos calor" y cuando has decidido salir a la calle a respirar aire pur...bueno, a hacer gestiones, de repente se apaga el sol y llueve como en las películas de Rambo. Luego sale el sol otra vez más o menos cuando el agua te llega por los tobillos y la vida continua como si nada hasta el siguiente diluvio.

Podríamos decir que es como una primavera, pero mal regulada.

Pues bien, ayer aquí me levante contentísimo porque las temperaturas daban un respiro gracias al frescor del vientecito que soplaba y me dije: "¡que bien!, hoy parece que hace menos calor".

¿He mencionada que también hay una cosa que se llama "pre-monzón"?

A mediodía se nubló y el viento se animó bastante, pero mejor que contarlo he colgado dos minivídeos, el primero grabado desde el exterior, cuando aún me preocupaba que las sillas se mojaran, y el segundo ya desde el interior, calado tras los tres segundos de vídeo anterior, cuando lo que me preocupaba era que la mesa saliera volando:










En Hyderabad hacen falta pocas excusas para que haya apagones generalizados y empezar la tormenta e irse la luz fue todo uno. En este caso fallaron 67 (¡sesenta y siete!) transformadores según indican la prensa.

"Ven Mario..ven.." ¡NOOOO!
Ascensor en reposo
Como esto es habitual la casa está preparada para mantener ciertos servicios con baterías entre los que no se encuentra, curiosamente, el frigorífico.

El casero me advirtió de que las zonas comunes no cuentan con suministro de emergencia y viendo lo que se prolongaba (y lo que al final se prolongó) daba gracias de no usar el ascensor a pesar de vivir en un quinto.

Los cortes de luz, aunque añadían razones para no usarlo no fueron el motivo principal porque no imaginaba que tardasen tantas horas en resolverse.

El motivo principal es esa vocecilla que escuché el primer día que subí con el casero para ver el piso y que me decía "¡no te subas!..¡no te subas!". No sé si os suena, pero aquí la tengo muy activa y suelo hacerle caso, especialmente en lo referente a ascensores y comida.

También reconozco que soy muy aprensivo: el ascensor no se ha caído nunca hasta la fecha y seguro que cuenta con las minuciosas revisiones al día y paracaídas, frenos de emergencia y demás medidas de seguridad en perfecto orden de revista. Además, ya no se hacen motores como los de entonces..   

Volviendo dentro de la casa, las baterías tienen un límite y tras tres horas y sin visos de recuperar la corriente decidí darles descanso por si la cosa se extendía y salir a la calle a dar una vuelta con la excusa de ir al gimnasio al que me he apuntado esta semana y que está como a media hora andando, suficiente para disfrutar de un agradable paseo entre aceras levantadas, humo y pitidos sin (casi) llegar a perder el juicio.

Es esa distancia perfecta que caminada a 40 grados te hace llegar empapado en sudor con ganas de darte una ducha y volverte para casa.

Esperaba que el gimnasio, al ser un sitio fino, contase con generadores propios como así fue, aunque no alimentan a los equipos de aire acondicionado, por lo que tuve mi primera sesión de sauna del día sudando como solo he sudado aquí.

Muchacho esperando el bus, aunque la parada está un
poco a su izquierda...debajo del montón de ramas.
Inciso con nota para próxima entrada del blog: Lo que ocurrió en el gimnasio, en lo que era mi segunda visita, no me enorgullece y fue una muestra más del choque cultural y de lo conveniente que es tener los ojos muy abiertos para no quedar como un catetillo por esos mundos de Dios.

[Continúo] Bueno, no voy a mentir, desde el apartamento veía el caos de tráfico que perduraba aún tres horas después de la tormenta y quería ver las consecuencias de la lluvia en esta ciudad, supongo que por deformación profesional de anteriores ocupaciones.

Además antes de salir para ir a pie a cualquier lado yo no miro la distancia, sino que cuento con pánico el número de cruces de calle que tengo que hacer para llegar a mi destino.

Si como era el caso ayer la calle está saturada de coches, motos y tuk-tuks parados gracias a la lluvia mucho mejor, porque me facilita la labor aunque sea a costa de tener que apartar motos con toquecitos en la espalda de sus ocupantes para poder pasar (tan escaso es el espacio que queda) y añadir el olor a embrague quemado al ya de por sí incrementado ruido y humo.

Viendo el tráfico esperaba encontrarme charcos e incluso alguna zona inundada como sucede en Calcuta, pero esta ciudad está llena de cuestas y, por lo menos en la zona en la que vivo, el agua corría colina abajo que daba gusto.

 
Árbol medio caído, no pasa nada: aún se puede pasar
Lo que encontré fueron ramas y árboles caídos.

No puedo decir que me sorprendiera porque el viento llegó a los 100 km/h, pero si que no fuera uno o dos, sino que todos los árboles que encontré en mi camino habían perdido ramas que ya habían sido diligentemente apiladas sobre las escasas aceras relegando a los peatones a buscarse la vida y reflejando claramente quien está sobre quien en la cadena de la circulación.

Por si alguien tiene dudas, aquí nada anima al paseo.

La lección aprendida es que nadie se preocupa de sanear los árboles y son las lluvias y el viento los que se encargan de hacer la poda cuando la rama no está sana, como manda la ley de Selección Natural.

Me conviene recordar esto las próximas veces que camine ufano y confiado ya que hasta donde sé a mi no me cubre aún la creencia local en la reencarnación.

Mientras caminaba ignorando el párrafo anterior pasé sin darme cuenta de la sorpresa inicial por el numero de árboles dañados (absolutamente todos) a pensar cómo la gente seguía moviéndose sin inmutarse esquivando los restos e ignorando los relámpagos que aún amenazaban. Y lo más sorprendente era que yo era uno de ellos solo que sin el escudo de la reencarnación.

Sabiendo cómo son las ciudades indias (anuncios, andamios, estructuras temporales que son permanentes...) y la cantidad de gente que hay en todos lados, parecía imposible pensar que no hubiera habido victimas y ahora, después de leer los periódicos y las fotos que publican (noticia, fotos), sigue pareciendo milagroso que solo hubiese tres muertos.

Por cierto, el corte de luz no se resolvió hasta el día siguiente, lo que me permitió pasar una noche de sauna muy buena (segunda del día).

Pero no estamos aquí para quejarnos de los cortes de luz sino para colaborar a resolverlos, ¿no?.

Namasté!