sábado, 27 de septiembre de 2014

Un camión de la leche

Últimamente he tenido el placer de pasar muchas horas en el coche disfrutando del siempre divertido tráfico local.
 
El entretenimiento del atasco es mirar por la ventanilla y, en general, no tiene contraindicaciones si sabes caminar sobre el fino hilo que separa la capacidad de sorprenderte del cortocircuito mental.
 
El secreto está en no intentar entender lo que ves. Solo dejar que te sorprenda y seguir mirando.
 
Sin embargo hay veces que, como me pasó con "la señal", sin quererlo algo llama mi atención de tal manera que dejo de prestar atención al motorista que va con el casco de verano al revés (la cabeza metida por la parte de la visera y la frente en donde debería ir la nuca), al ciclista que bajo una tormenta increíble con un palmo de agua en el suelo hace malabarismos entre el tráfico con un paraguas abierto en una mano y la otra en el manillar o a cualquier otro animal de la fauna que puebla el asfalto y aledaños.
 
Pese a conocer mis limitaciones cognitivas y cómo evitar el bloqueo mental simplemente no intentando buscar explicación a lo que veo, con el camión de la foto hice catacroker total: dejé de oír los bocinazos y el tiempo se paró mientras pensaba "¿para qué coj%ne$ es ese camión?" sin encontrar una respuesta medianamente lógica.
 
 
 
 
Mi inglés nivel medio, con el que consigo distinguir en el super los botes de champú de los de gel de ducha sin apenas dificultades, me llevaba a inclinarme por "servicio de leche de emergencia".
 
Pero, no puede ser. ¿O si?. Sentido no tiene, o sea, que si puede ser.
 
No sé, aquí cosas más raras se pueden dar, pero, ¿quién reparte leche de emergencia?, ¿a quién? y ¿para qué?.
 
Esa es mucha leche para lactantes en necesidad y es un poco excesivo movilizar un camión porque el bebe llore. Además,  no se le puede poner una tetina al camión, aunque seguramente lo intentasen.
 
Urgente suena a cosa médica. ¿Será un servicio hospitalario como el del oxígeno?. ¿Habrá grupos de leche como de sangre?, ¿tendrán vacas que den A+, B-...según coman cartón o plástico de la basura?.
 
Puede que sea un vehículo de intervención rápida en catástrofes, tipo los de protección civil. ¿Lo usarán para estabilizar vertidos de colacao que supongan un riesgo grave para la población?. A veces es más sencillo hacerse un colacao con lo que ha rebosado de la cuchara a la mesa que con lo que ha caído dentro de la taza. El camión simplificaría la tarea en caso de haber vidas en peligro, por lo de la emergencia, digo.
 
Y si es de emergencia, ¿por qué no lleva sirenas?. No es que le fueran a valer de mucho porque no se les hace caso, pero animan el atasco y rompen la monotonía de los cláxones.
 
El tiempo pasa, hace rato que el camión ya no está a la vista de la ventanilla, pero sigo mirando al vacío sin pestañear y con la boca abierta.
 
Quizás esté equivocado desde el principio. He dado por buena mi traducción inicial sin cuestionarla, pero tampoco sería la primera vez que me lavo el pelo con el gel de ducha.
 
¿Y si la traducción correcta fuera "¡leches!, servicio de emergencia" (así, como sorprendido) o "servicio de emergencia de-la-le-che" (con énfasis) o....?
 
Hace tiempo que hemos llegado y el conductor me mira asustado.
 
 - Sir, le ha vuelto a pasar lo de "la señal".
 
 - Si, si...me ha vuelto a pasar.
 
Namaste!
 

martes, 23 de septiembre de 2014

Ordenación del tráfico: La rotonda

Delante de mi oficina hay una rotonda.
 
Es una zona residencial, tranquila, y las dos calles que convergen son tipo bulevar, también tranquilas.
 
Al principio era solo una simple rotonda por donde los vehículos fluían como por el resto de Calcuta, de una manera normal sin normas.
 
El razonamiento inapelable de "si mi coche va igual por todos lados, ¿por qué limitar con carriles, direcciones prohibidas o sentidos de circulación?" dio como resultado la norma universal por la que se rige el tráfico Calcutí: "si hay asfalto, a mí me vale".
 
No había que complicarse con códigos de circulación ni leches y era tan sencillo conducir que lo podía hacer un niño, como se comprueba a diario a poco que te fijes.
 
Solo les hacia falta saberse la intuitiva cadena de atropello (peatón - bici - moto - tuk-tuk - coche - taxi - autobús/ camión ) y que pez grande se come a chico para salir a disfrutar de la conducción.
 
Pero a algún lumbrera, seguramente a algún iluminado con acciones en talleres de chapa y pintura, se le ocurrió la feliz idea de instalar rotondas y claro, ya la hemos liado. Con lo bien que iba todo.



Tráfico de hora punta en la rotonda.

En la circulación en rotondas, como ya expliqué en otra entrada, interviene un concepto más complejo: La cantidad de Movimiento.
 
El conductor no solo tiene que calcular la masa para ubicar en la escala de atropello al vehículo con el que se va a encontrar en su trayectoria y decidir, siempre en el último segundo, si tiene que apartarse él u el otro. Ahora en las rotondas, además, debe calcular la velocidad con la que viene su interceptor para decidir si ceder el paso o no.
 
Pondré un ejemplo para mostrar la habilidad, innata, que el proceso exige del conductor:
 
Caso 1: Un Tata pequeño con el santoral en el salpicadero, circulando alegremente por una calle en dirección contraria, digamos a 40km/h, ve venir un tuk-tuk de frente circulando correctamente por su carril a 70km/h. El Tata infractor no hace ni amago de parar ni de apartarse. Como mucho toca el claxon.
Caso 2: Mismo Tata con santoral ya dentro de una rotonda a 40km/h y el conductor ve acercarse por su ventanilla a un tuk-tuk entrando a la rotonda a 70km/h. El Tata se para en seco y deja que el tuk-tuk atraviese la rotonda con una trazada limpia sin atravesarle a él.
 
Hay ciertos truquillos que simplifican el cálculo. Por ejemplo, los autobuses no entran en el juego y tienen siempre prioridad.
 
Esto lo sé por observación y aún no lo he podido demostrar, pero mantengo la teoría de que, para que un autobús ceda el paso, el otro vehículo debería venir a una velocidad altísima. Tan alta que nunca se ha dado el caso, por lo que deduzco que la velocidad en realidad es inalcanzable. Esta velocidad insuperable, según Einstein, es la velocidad de la luz.
 
No sé si entre las inquietudes de Einstein estaba lazar un tuk-tuk a la velocidad de la luz a una rotonda en la trayectoria de un autobús para comprobar si éste se paraba, pero yo, como no tengo tuk-tuks a mano, me voy a quedar con la duda. Por ahora.  
 
Me he ido un poco del tema, pero la cosa es que las rotondas han traído muchos quebraderos de cabeza a los conductores, especialmente al núcleo duro del sector tradicional que se empeña en circular en dirección contraria.
 
Para reducir la siniestralidad y el caos, pusieron policía en la rotonda. En concreto uno por entrada.
 
En frente de mi oficina, zona residencial y tranquila, la rotonda en el cruce de dos calles tiene cuatro (c-u-a-t-r-o) policías.
 
Al parecer no contaron con el, digamos, escaso respeto que tienen los conductores a la autoridad de tráfico ni la intachable profesionalidad de los agentes, así que la presencia de un regimiento de policía tocándose la sardina a la sombra no dio los resultados esperados.
 
Viendo la que había liado y que se le iba de las manos, el ínclito promotor de las rotondas firmó un acuerdo con un fabricante de semáforos y, a comisión, los plantó en las rotondas sin juicio.
 
En concreto un semáforo por entrada le pareció poco y puso dos, puede que para garantizar sombra mañana y tarde a los policías que siguen ahí.
 
En frente de mi oficina, zona residencial y tranquila, la rotonda en el cruce de dos calles tiene ocho (o-c-h-o) semáforos.
 
Los semáforos, para mayor claridad, son de los de indicativo con flecha. Eso por si acaso el conductor, pobre, no se había dado cuenta de que por ese lado su salida está más cerca pero va en dirección contraria.
 
 
 
 
 
Rotonda, 4 policías y 8 semáforos con flechas...no vaya a ser que alguien se equivoque.
 
 
La rotonda en frente de mi oficina, que era una zona residencial y tranquila, con tanta gente y luces, ahora me recuerda a una feria.
 
Namaste! 

martes, 16 de septiembre de 2014

TXI: Tamagochis por la India (Parte III - Agra)

Y tres años después, vi el Taj Mahal.
 
 
Llegué a la India el mismo día que nuestros viajeros, el 6 de Septiembre, pero de hace tres años.
 
En este tiempo he viajado algo por el país, pero siempre me han interesado más los mercados que los edificios, así que el Taj Mahal no ha estado entre mis inquietudes turísticas.
 
Pero esta vez, tomando la coincidencias de fechas como una señal, he decidido dar mi brazo a torcer, coger unos días en el trabajo, y unirme al grupo de Tamagochis como un turista más para visitar Agra.
 
Aparte de eso, también estaba cansado de sentirme como un bicho raro cada vez que decía que no había estado en el Taj Mahal después de tanto tiempo aquí.
 
Así que organizamos la operación Taj Mahal perfectamente como una especie de viaje a Oz: Los Tamagochis saldrían del punto A (Vanarasi) y el desmotivado saldría del punto B (Calcuta) con la intención de reunirse, en algún momento del mediodía, en el exterior de la terminal 3 del aeropuerto de Delhi, debajo del reloj, junto a un coche rojo.
 
Como esto es India, la cosa salió bien. No obstante, para dejar constancia de que solo fue por casualidad, recibí un SMS de la compañía aérea informando de que mi vuelo de vuelta se retrasaría una hora. Podría haber pasado en el de ida y dificultado el encuentro, pero para algo tenemos 33 millones de Dioses cuidándonos.
 
Primera samosa en India. Ya sin resquemor ninguno
Estación New Delhi, no Nazrat Nizamuddin
Primera samosa en India en un puesto exterior del aeropuerto y bajada al metro para ir a una de las doce estaciones de tren que tiene Delhi, New Delhi, donde cogeríamos un tren que en tres horitas nos llevaría a Agra.
Metro de Delhi al aeropuerto
 
 
Inciso aquí para decir que la estación de New Delhi está rotulada como New Delhi, y que por tanto si la estación está rotulada como Hazrat Nizamuddin se trata de una estación distinta, muy probablemente Hazrat Nizamuddin.
 
Estas cosas no aparecen en las guías de viajes y, dicho así, puede parecer una tontería, pero esta obviedad nos hubiera evitado bajarnos del tren tres paradas antes de tiempo a la vuelta ("no, no..es aquí, es que la estación se llama de las dos maneras.."), el calor del tuk-tuk en el atascado tráfico para llegar a nuestra "verdadera" parada donde teníamos que coger el metro hacia el aeropuerto y, sobre todo, la cara de idiotas al darnos cuenta de la situación.
 
Por otro lado, el error nos permitió disfrutar del paseo en tuk-tuk entre el tráfico de hora punta, comprobar lo pequeño y poco visible que es entre camiones y autobuses, jugar a adivinar si el conductor nos repetía el destino cada cinco minutos porque no nos entendía o si era porque estaba borracho, y reducir el tiempo de espera en el aeropuerto. Todo tiene su parte positiva.
 
Sobre el metro, solo decir que la línea que une el aeropuerto con la estación de New Delhi no tiene nada que envidiar a las más modernas de Europa. El resto de la red, por lo visto en las zonas comunes de ambas líneas, me temo que no es lo mismo. 
Baby Taj Mahal
 
Industria del lavado en el rio
A Agra se puede ir cómodamente en coche por una carretera buena, pero el tren era una experiencia que los viajeros querían tener. Bueno, a decir verdad unA más que otro.

En cualquier caso, el ambiente de una estación grande, como el de los mercados, es algo que hay que ver.

Atardecer frente al Taj Mahal, en el bar
 
Les encantó el tren. Decían que ahí podrían dormir sin problemas y que no estaba nada mal.No sé, a mi me parecía raro. No era ese el tren que yo recordaba. Tenía algo distinto, estaba más limpio, menos cutre. Imagine que era un modelo más nuevo y tampoco le di más importancia.
 
El viaje bien, en el tiempo previsto y con el timo de rigor cuando el chico que vende las bebidas a bordo nos hinchó el precio. Todo normal.
 
Vista desde la otra orilla del rio
En Agra, el mismo tuk-tuk que nos recogió gratis en la estación para llevarnos al hotel nos ofreció un tour al día siguiente (¿he dicho que alguien en India hizo algo gratis?, si claro..) por el pueblo por un precio razonable.
 
Resumiendo, nos llevó a los sitios típicos y las zonas desde las que hay una vista fotografiable del Taj Mahal, todas ellas en vertederos que rodean la ciudad en cuanto dejas de pisar asfalto. Comida, riquísima por cierto, donde el señor tiene comisión, recorrido por las tiendas, en las que el señor también tiene comisión y acabó intentando forzar una situación incómoda porque la propina que le dimos no le parecía suficiente para sus cinco hijos.
 
La idea era ver el Taj Mahal desde el rio al atardecer, pero estaba nublado así que nos quedamos tomando una cervecita al dente en una terraza con vistas y confiando en que al día siguiente las nubes respetaran el madrugón que nos íbamos a dar para ver el Taj Mahal a la luz del amanecer, esta vez desde dentro del recinto.

Pues no respetaron. Pero aún así el edificio es espectacular.
   
Sacamos todas las fotos del mundo, incluidas las obligatorias para poner sobre la tele junto a la figurita de la bailarina, la del reflejo en la gafa y la que sale el Taj Mahal sujetado por dos dedos y nos fuimos a desayunar con viento fresco.

En el mercado local
 
De monos, vertederos y Taj Mahales
 
 
Una cosa extraña: Agra es famosa por la cantidad de gente que hay pidiendo a los turistas. Hasta el guía "tuktukero" nos aleccionaba en cada parada ("no les deis nada aunque os agarren, seguir andando, no os paréis, no.."). Pues no vimos ni uno, literalmente.
 
El tuk-tuk del hotel a la estación ya no era "gratis", claro, ya no tenía nada que vendernos.
  
Tamagochi durmiente en tren. Ni tiempo para sábanas
El tren de vuelta venía con una hora de retraso y, este si, era de los que yo conocía, con su mugre y sus cositas. Creo que fue la última vez que oí a Fernando decir "que - horror" y los tamagochis ya decían que este no era lo mismo...aún así todos caímos dormidos inmediatamente por el madrugón que llevábamos encima.

Del resto, incluido el error de estación y el viaje extra en tuk-tuk por Delhi, nada resaltable.
 
 
Por suerte teníamos tiempo de sobra para absorber retrasos y errores y aún así llegar a coger nuestros vuelos sin agobios, así que todos llegamos a nuestros destinos según lo previsto, unos a Bombay y otro a Calcuta
 
Como siempre, la entrada queda abierta para aportaciones de los TXI.
 
Namaste!

domingo, 14 de septiembre de 2014

TXI: Tamagochis por la India (Parte II - Vanarasi)

Hoy pongo por aquí algunas fotos que los viajeros me han hecho llegar desde Varanasi, a orillas del Ganges y primera de las siete ciudades santas del hinduismo, junto a Aiodia, Duarka, Jariduar, Canchipuran, Mathura y Uyyain, todas ellas en India (Wikipedia dixit).

Se cree que en Varanasi (también llamada Benarés), descansó una de las cuatro cabezas de Brahma, creador de este universo.
 
Los hinduistas deben visitar la ciudad al menos una vez en la vida y, si además mueren allí, lograrán salir del ciclo de las reencarnaciones y retornar al principio divino, objetivo de todo hinduista.

Esto convierte a la ciudad en lugar de peregrinación de moribundos y enfermos que simplemente esperan la muerte en las calles, la mayoría, o residencias. Como consecuencia, además alberga numerosos crematorios y uno de los sectores más contaminados del rio Ganges, que ya es mucho decir.

Y pese a todo, destino turístico. No acabo de verle la lógica, pero así es.














Gracias a Irene y Fernando por las fotos, y la entrada queda abierta por si queréis añadir algo.

Namaste!

sábado, 13 de septiembre de 2014

TXI: Tamagochis por la India (Parte I - Calcuta)

No tengo costumbre de escribir por aquí sobre mis visitantes, pero está ocasión es una excepción a petición de los propios interesados.

Irene y Fernando entraron en India por Calcuta el 6 de Septiembre como comienzo de un viaje que les llevará a recorrer los lugares más típicos del norte del país. No estoy seguro de que empezar por Calcuta sea un buen comienzo de viaje por lo dura que es la ciudad como primer contacto, pero se agradece la visita y espero que disfrutaran de la estancia.
 

Cerveza(s) de bienvenida
Debo empezar diciendo que cada vez que recibo una visita, ya sea profesional o personal, de alguien que viene por primera vez a la India siento la responsabilidad del dueño de un Tamagochi, cuidando comidas, bebidas, descansos, calores, aires acondicionados y visitas turísticas para mantener a los viajeros sanos, salvos y en estado sólido.
 
Todo el mundo llega igual. Por un lado, el temor a los problemas de salud, especialmente derivados de la comida y por otro el choque cultural, que incluye ruido y olores, sufrido por quien se encuentra inmerso en eso que ha visto en los documentales tantas veces y que de repente se ha hecho real.
 


Primera comida, con algo de resquemor en el
Peter Cat y su Chelo Kebab, una apuesta segura


El primer chae callejero con muuuucho resquemor y demasiadas preguntas sobre la higiene del respetable establecimiento y la comisión del guía.
 
Día de baño y juegos en el rio
 
El objetivo de las primeras horas es quitar esos miedos sanitarios que harían imposible disfrutar del viaje. La idea es aceptar que el peligro está ahí debido a la [falta de] higiene general, pero a la vez demostrar que es posible reducir el riesgo a niveles más que aceptables sin obsesionarnos simplemente no olvidando donde estamos y no bajando la guardia.

La adaptación a la "cultura", que incluye bocinazos, olores, polvo, empujones y otras muchas bondades de un legado milenario, es mucho más sencilla y natural, en especial para
el turista que ya viene con la predisposición de disfrutar del viaje en todos los niveles.

...o en seco
 
Bien es cierto que cuando la exposición es tan alta, hasta el más convencido tiene momentos en los que sacudiría por las solapas a un vendedor cansino de pasminas, pero no hay apenas casos de extranjeros en los juzgados Indios así que supongo que de alguna manera superamos esos momentos puntuales.
 
La salida del aeropuerto y el primer trayecto en coche son muy divertidos de ver porque todo el mundo alucina.
 
...o en grupo (Nimtala Ghat)
El primer paseo a pie por Calcuta, percibiendo el calor, la humedad, los olores y el caos también despierta los mismos sentimientos en todo el mundo.
 
Fernando los resumía perfectamente en dos palabras que separaba con pausa dramática en medio: "que - horror".

La historia se repite y las reacciones son más o menos las mismas.
 
Al principio todos vemos lo que sucede a nuestro alrededor como si fuéramos solo espectadores externos, sin sensación de estar realmente ahí.
 
 
Es como si fuéramos invisibles mientras miramos como la gente se baña en el rio, hace sus compras diarias en ese mercado atestado, o transportan fardos descalzos por esa calle sin asfaltar.

Observamos como quien mira sin ser visto. Pero enseguida, nos demos cuenta o no, nos convertimos en protagonistas y dejamos de ser meros observadores.
 
Vidyasagar Setu..o segundo puente del Hoogly
 

Y ahí es cuando el "que horror" repetido muy frecuentemente al principio va desapareciendo hasta que deja de oírse.

Bueno, también es posible que deje de repetirse porque no puedes pasarte tres semanas repitiendo "que horror" cada cinco minutos, pero yo prefiero la otra explicación más poética.
Mercado de las Flores
 

No es que la cosa haya mejorado, es que ya estás dentro. Si hay que sudar, se suda, y si tienes que empujar, se empuja y si tienes que discutir en una cola, se discute. Se disfruta un té en la calle, se pelea el precio con el "tuk-tukero" de turno o se manda al guano a algún comerciante pesado y se hace con naturalidad.

y más Mercado de las Flores
Ese "click" es necesario y no conozco a nadie que no lo haya hecho. Si no, la estancia se convertiría en un infierno en un país sucio, caluroso, húmedo y mal organizado.

Frente a nuestras costumbres, lo llamativo para el turista en un país como este es que puedes sudar, empujar y cerrar el paso sin que nadie te mire mal, además de disfrutar de todo lo que la calle puede ofrecerte.
Mercado de las Flores

Lamentablemente esto vale para los turistas que vienen con fecha de regreso. Para el que vive aquí la explicación poética no se sostiene ni tres bocinazos, pero no es esta entrada el lugar para quejas.
 
Esto está contado desde mi deformado punto de vista de receptor de Tamagochis, aunque el impacto a la llegada a la India marca tanto que aún veo reflejados mis primeros días en todas las personas que me visitan. 
 
No estaría de más saber las sensaciones de los viajeros vía comentario o correo que podría pegar aquí.
Cargando pilas para el viaje a Varanasi

Especialmente interesante si comparten sus experiencias ahora que aún están en India y todo está muy fresco y más tarde, cuando ya hayan regresado y lo vean con más perspectiva.
 
Fernando, Irene, ¡espero que escribáis cuando podáis!.
 
Namaste!
 
 
 
Actualización:
Por el interés de la aportación de los protagonistas que han tenido a bien dedicar un ratito entre té y té para contar su experiencia desde Jodhpur en el ecuador de su viaje, actualizo la entrada con un "copypeist" de sus comentarios. Así quedan más a mano de sus innumerables seguidores en la página principal:
 
 
Tamagochi number 2 respondiendo. Después de haber experimentado Calcuta y Varanasi, creo que lo demás es más fácil....de momento, y gracias al mercado de las flores ya hemos encontrado el color.....ahora sólo falta la luz y la espiritualidad....estamos en ello.

 
 
Tamagotxi 1 al aparato, la verdad es que se puede decir más alto pero no más claro. Además de buen anfitrión tienes dotes de buen literato.
 
El viaje prosigue y después de Kolkata, llegamos a Varanassi donde pensábamos que estaría oliendo a churrasco todo el día. Pues no, el olor seguía siendo cambiante según el tramo de la calle que pases.
 
Aquí lo que realmente nos ha sorprendido ha sido el tráfico. Hay que rezar jaculatorias a Shjiva ( o como se escriba) para empezar a cruzar la calle, seguir rezando mientras la cruzas y agradecérselo con una novena al llegar al otro lado. Si realmente crees en los pasos de cebra, verás pronto a Dios.
 

Los baños en el Ganges también sorprenden, el río imponentemente caudaloso tiene un color difícilmente definible y cuando ves y piensas todo lo q en él echan, con la profunda convicción de que sus aguas purifican, pues te preguntas.... No habrá ningún médico especialista en enfermedades infecciosas que sea hindú y que valore la "posibilidad cierta" de que a esa temperatura la carga bacteriana debe ser inmensa? Pero la fe mueve montañas y realmente "inmuniza" fijo!.
 
El viaje continuó a Delhi y vía tren a Agra, quizás las imágenes más duras las hemos visto en la estación de tren. Un submundo alucinante, con tullidos, pobres de solemnidad y niños bastantes niño, además de familias enteras de ratas como gatos. Agra es otro caos con gentes que van a buscar en " los blanquitos" alguna rupia vendiendo te parte del Taj Majal y la contribución de sus parientes en su construcción. Digamos que Pintoresco.
 
Después de una "accidentada bajada antes de tiempo" del tren en el regreso a Delhi seguimos a Bombay. Preciosa joya urbanística en decadencia total, es otra cosa. Un Madrid o cualquier ciudad europea mal mantenida. Tuvo qué ser una preciosidad, porque aún lo es. Es cara, con respecto a lo que hemos vivido antes y también llama la atención toda la gente, familias enteras que viven en la calle. Nos quedamos con la imagen de dos mujeres usando de bañera para un bebe una rejilla de alcantarilla! Puf! Hay mucho pedigüeño pero a la segunda q no les haces casó siguen con lo suyo....una partida de cartas muy animada en el suelo.
 
Aquí tuvimos una experiencia divertida en el mercado de Crawford, aquí un señor muy amable...al principio nos invito a ver su tienda...con una sonrisa declinamos tal invitación y el susodicho se convirtió en nuestro guardaespaldas a tres metros detrás nuestro durante nuestra estancia allí. Salimos y nos lo encontramos de frente, media vuelta otra puerta y allí estaba, otra calle y otra vez de frente. Era como el fantasma del metro de Ghost. Jejeje
 
Esto sigue y seguimos disfrutando.... Lo dicho Mario gracias x tu introducción en este país y te digo que el " Que ----pausa dramática ( yo soy mucho de eso)----horror" ya casi ha desaparecido de mi boca y que lo que me da miedo es que ya me da igual pisar a una vieja al entrar delante de ella en una tienda, cruzarme delante de un bus, moto, camión en una rotonda o mear entre dos vagones en una estación con el tren parado......y en 7 días volvemos a España.
Seguiremos informando.....

 
Tamagochi 2: mi impresión es que el país es como es, y si no quieres que te supere, tienes que integrarte.....y en ello estamos....besos para todos......!!!!!!!!!
 
Gracias por la crónica y Namaste!