Lo hago a modo de terapia para que no se me olvide
que cada surco hace la huella más onda.
También puede servir para entender a ese típico testigo
que mirando unas siluetas dibujadas en el suelo con tiza entre restos de
naranja triturada dice a la cámara con asombro “Quién lo iba a decir..hace
dos días cuando estuvo aquí parecía una persona normal, decía buenos días y
bebía todo el té que le ponían..pero hoy algo le pasó que se puso a dar
narajanzos a diestro y siniestro gritando no sé qué de que se iba a hacer un
zumo a porrazos”.
Pues si, esas cosas pasan.
Hoy he visitado dos ciudades del estado de Orisha donde
nuestro contacto me había organizado sendas reuniones con los más altos
dirigentes políticos y técnicos para hacerles una presentación de la empresa y dar a conocer nuestro
trabajo por si en el futuro surgiera algún proyecto.
En estas ocasiones yo soy un mandado. El viaje lo planea
y organiza nuestro contacto en cada zona, que es quien tiene relaciones a ese
nivel. Él dice cuándo, cómo, dónde y a quién. En está ocasión era una cosa
sencilla aunque incluyera madrugón: dos ciudades, dos reuniones, ir y volver en el día.
Salgo de casa a las 5am para coger un avión que a las
8.30am nos deja en la primera ciudad. Ahí nos está esperando un coche
que en diez minutos nos deja en el despacho del alcalde que, debo reconocerlo,
me sorprende gratamente porque está ya trabajando. No solo eso, sino que está
recibiendo a la gente de la ciudad, un poco desordenadamente ya que todo el
mundo estaba arremolinado alrededor de la mesa a la vez, pero aún así, muy
valorable.
A mi me dan situación de privilegio, en primera línea y con silla. Primer té de la mañana mientras que consiguen que entre
llamadas y firmas se centre en mi y me presento. Muestra interés, eso es
bueno, pero cuando voy a encender el ordenador como paso previo a soltarle
la chapa correspondiente apoyada en una maravillosa
presentación me dice que si, que si..pero mejor, que ya si eso, se la suelte
a su personal técnico del ayuntamiento.
Llama por teléfono, habla con alguien, y nos dice
que nos están esperando en otro departamento. Coche y cambio de edificio. Las 10am. Nos reunimos con
un señor, también muy amable, que ya nos anticipa que él llevó el tema del
saneamiento durante ocho años, pero que ya no. Segundo té de la mañana. Aún así
nos pide que le suelte la chapa, así que como yo he ido para eso, me arranco.
A punto de terminar y a la enésima interrupción de móvil,
me dice que le está llamando un jefe, y que lo mejor es que a las 5pm vuelva a
su oficina, que el va a organizar una reunión con todos los ingenieros del
departamento que de verdad llevan el saneamiento, y que les suelte a ellos otra
vez la chapa, que me ha quedado muy redonda y ellos van a estar entregados.
En fin. Bueno, pues vale. Yo he venido a eso, me repito,
aunque son ya las 11am y aún no he encontrado a nadie que me escuche. Calma,
está todo perfectamente organizado y hasta las 5pm tenemos un plan B: la
segunda ciudad.
Mi contacto me sube en el coche y en 20 minutos estamos
en la otra ciudad, que ya de entrada parece bastante menos avanzada, por
decirlo finamente. Las 11.30am. Vuelvo a cargar mi maleta por las escaleras,
con el portátil y las copias impresas de las que aún no he soltado cási
ninguna.
Nos recibe la alcaldesa y un grupo de políticos que no
paran de hablar por teléfono. Cada vez que tocas una silla en un despacho
público, té (tercero).
Los políticos, como los españoles: Ni palabra de inglés.
Así que es mi contacto el que les cuenta en el idioma local la presentación que
yo había preparado basándose en lo que me había escuchado que le acababa de
contar al de la ciudad vecina.
Mi contacto no tiene ni idea técnica de lo que hacemos,
pero por suerte estoy seguro de que los políticos tampoco se estaban enterando de
nada de lo que les decía porque ellos reconocían no saber cómo era el saneamiento de su ciudad y, además, la conversación era imposible que transmitiera ningún mensaje porque se interrumpía cada
15 segundos por alguna llamada de móvil.
En una de esas paradas, a medias de la presentación,
noto que ya no se reanuda. Al parecer era el Commissioner,
un alto cargo ejecutivo que suele saber de las cosas mundanas del ayuntamiento
(iluminación, carreteras, saneamiento y estás chorradas). Que viene.
Hay que empezar de cero otra vez. Ah, bien, son solo las 12pm y hasta las
5pm tenemos tiempo.
El Commissioner es un tipo simpático y sonriente que
habla inglés. Esta es la mía. Comienzo desde el principio la chapa otra vez y todos los políticos, que no
entienden ni palabra, mantienen silencio. Corro, he pillado un minuto en el que
no hay ninguno haciendo o recibiendo llamadas y hay que aprovechar.
El Commissioner sabe de que va la cosa porque la
aprobación de todos los proyectos que ejecuta el ayuntamiento pasa por él. Su
interés nos interesa, y la cosa parece que va bien porque interactúa. Hace
preguntas. Bien, he conseguido su atención. Cuando faltan cinco
diapositivas, cinco, para acabar la presentación me dice que en esa ciudad
no hay saneamiento.
¿?
Pero vamos a ver; si nosotros nos dedicamos a rehabilitar
el saneamiento, y tu ciudad no tiene saneamiento…¿me puede traer alguien cinco
kilos de naranjas?. A un lado el comisionista, y al otro mi contacto que me ha
organizado el viaje y la presentación en una ciudad sin saneamiento.
Pero la cosa es que al Commissioner le interesa, y
eso es bueno. Oye, ya que estoy aquí buscando un sentido al viaje, que alguien
que es responsable de proyectos conozca a la empresa no es malo.
Quiere que le contemos lo qué hacemos y cómo lo hacemos a
los ingenieros de su ayuntamiento. Hasta las cinco hay tiempo y la verdad, ya
que estoy, me da igual. Yo soy así de espléndido
Ahí es cuando dice ”¡pues no se diga
más! (traducción libre), entonces organizo una reunión con todos lo ingenieros. ¿os viene
bien dentro de dos (¡2!) días a las once y media?”. Me quedé tan sorprendido con la planificación que
antes siquiera de echar de menos tener a mano una red de naranjas, mi
contacto ya había respondido “¡perfecto!, en dos días nos vemos aquí”.
Salimos, la 1pm.
Analizando la situación e intentando comprender lo que
acaba de pasar, repaso mentalmente los hechos a ver si me he pedido algo: voy
a volver en avión dentro de dos días para explicar cómo reparamos el
alcantarillado a una ciudad que no tiene alcantarillado.
No. Sigo sin entenderlo. Paso de discutir con mi
contacto. Dentro de dos días me vuelvo a levantar a las cuatro de la mañana
para explicarle, a gente que no me entiende, como reparamos un saneamiento
que no tienen.
No voy a darle más vueltas ni ser crítico con la planificación
del viaje ni con los estupendos contactos. Hay que ser positivo si no quieres
perder el juicio. Ya está, ya pasó. Nuestro objetivo primordial era la primera
ciudad, más grande y con más infraestructura que reparar y a las 5 nos reunimos
con todos los técnicos. El resto es accesorio.
Vamos a comer. Aunque lo intento evitar, me sigue
tentando preguntarle a mi contacto qué oportunidad de negocio ha visto cuando
ha aceptado la invitación que nos va a costar dos billetes de avión extra y
perder un día entero, pero me temo que la respuesta me desvelaría, así que como
y callo.
Las 4pm, hora de ir a explicar nuestras habilidades con
el saneamiento a los ingenieros de la ciudad que, efectivamente, tiene
saneamiento.
Llegamos a las cuatro y media. Bien, así vamos conectando
el proyector, repartiendo la documentación..Maleta para arriba otra vez. Es
pronto y el señor amable que llevó el saneamiento anteriormente y que quedó en
organizar la reunión con los técnicos a las cinco, está reunido "en otro lao". Es normal, es
pronto y es gente ocupada.
Esperamos. Otro té. Lo rechazo por sobrecarga. El chico del té me mira
raro. Tanteo en busca de una saco de naranjas por debajo de la mesa. No hay suerte.
Las cinco.
Las cinco y media.
Las seis.
Nos vamos dejando recado a uno que pillamos por allí de
que, ya si eso, le diga al jefe que hacemos las reunión dentro de dos días a
las tres de la tarde, cuando acabemos de explicarles a los ingenieros de la
ciudad sin saneamiento cómo reparar el saneamiento.
Nos vamos al aeropuerto.
Llegamos de vuelta a Calcuta a las 9.30pm y de ahí, cada
mochuelo a su olivo.
Sensación de deber cumplido y grandes expectativas
para el viaje de pasado mañana.
También firme propósito de viajar con
cinco kilos de naranjas en red.
Creo que uno de los días más absurdos desde que llegué.
Incluyendo aquél día con el M.A indio en el melonar que voy a intentar
recuperar para poner por aquí.
Pasado mañana vuelvo.
Quién lo iba a decir..hace dos días cuando estuvo
aquí parecía una persona normal, decía buenos días y bebía todo el té que
le ponían..pero hoy algo le pasó que se puso a dar narajanzos a diestro y
siniestro gritando no sé qué de que se iba a hacer un zumo a porrazos.
Namaste!