lunes, 15 de enero de 2018

Rangolis y clases

Mañana 15 de Enero hay luna llena y se celebra en algunos Estados de India el Pongal que marca el final de la temporada de cosecha, tan importante para millones de personas cuya subsistencia depende literalmente de ella por vivir al día. Se estima que en India la población rural son unos 800 millones.

En ella se agradece al dios sol (Surya) por la buena cosecha haciendo rituales que varian según el Estado.

Como en casi todas las celebraciones se decoran las entradas a las casas pintando el suelo con patrones geométricos y representación de animales, aunque hasta en esto hay clases y quien puede, quiere demostrarlo.

Mitad como rutina de fitness, mitad por instinto de supervivencia, la verdad es que nunca cojo el ascensor en mi casa. Vivo en un quinto y ya venga con maletas o con la compra, nunca encuentro una excusa suficientemente fuerte para usarlo.

Los indios no son muy proclives al movimiento innecesario así que creo que, junto con la mujer de la limpieza, soy el único que usa la escalera en todo el edificio, pero esto me permite inspeccionar el vecindario a diario.

Los vecinos del primero se mudaron al edificio cuando yo estaba ya aquí. Gente fina con un Audi rojo y un perro, que ya es mucho decir en India. Semanas de obras terminaron con su parte del rellano forrada en piedra (si, aquí cada uno hace lo que quiere), un mueble fuera para dejar los zapatos y, lo más intrigante, una estatua de un señor con armadura y tamaño considerable junto al ascensor. Solo eché en falta una fuente con chorro infinito y un jardín japones para que hubiera quedado a tope de gama.

La mudanza acabo con una inauguración en la que llenaron de guirnaldas la escalera hasta la calle para dar la bienvenida a sus invitados, todo escrupulosamente dentro de las normas de la comunidad.


El rellano del primero
Detalle de Rangoli

























Su rellano, que comparten con otro vecino que no se debe atrever a salir por no molestar, parece mucho una habitación más de la casa, tanto que, como en las casas, los zapatos se siguen dejando en medio aunque tengas el mueble zapatero al lado.

La decoración del suelo normalmente se hace con tiza (teóricamente polvo de arroz) y, si hay ganas, se colorea con polvos. Otras veces directamente la pintan con tizas de colores, que da una apariencia parecida, pero no es lo mismo. En los hoteles incluso usan flores para dar color a los patrones.

Estas pinturas se llaman Rangoli y son generalmente realizadas por mujeres en cualquier ocasión especial. Su objetivo es atraer la buena suerte y he leído que los diseños y los finos polvos de colores, representan la transitoriedad y fragilidad de la vida. Aquí todo es místico, como se ve.

La última celebración (Diwali, en Noviembre) se ve que a estos vecinos les dio pereza pintar y compraron una pegatina de medio metro de diámetro que imitaba las pinturas tradicionales. El vendedor les debió convencer de que era mucho más rápida de "instalar"...pero se olvidó comentarles que no se quitaba ni rascando. Ha habido trozos de pegatina adheridos al suelo durante semanas.

Como curiosidad, podéis ver en la foto que las puertas de las casas están muchas veces abiertas sin mayor preocupación.

Como con el Cortilandia, hoy subía por la escalera intrigado por ver que me encontraba esta vez. La pegatina ya me creó dudas de como iban a quitarla desde que la vi, pero la verdad es que ahora se lo han currado y les ha quedado muy bonito dando caché a la escalera.

Adjunto foto en detalle del dibujo para que se valore el esfuerzo. Nada de pegatinas (nunca las había visto ni las he vuelto a ver) sino elaboración artesanal.

Diseño en tiza, relleno en polvos de colores y, en el centro, una vela que no puede faltar y que da un toque espiritual a la escalera por la noche.

La guirnalda de flores sobre la puerta es también muy típica y, unos u otros, siempre encuentras algunas en la escalera como bienvenida a los visitantes, sean dioses o humanos.

Pero claro, subes un piso más y en el segundo te encuentras con la realidad.

El rangoli no es un "cómo se hizo" del anterior ni el rellano está sin acabar. Tampoco son los restos de una celebración antigua.

Este es el estándar que encuentras en general, pero claro, ante una exhibición como la anterior lo mejor es asumir la derrota con deportividad, felicitar al vecino pudiente y asegurarte de que tus visitas suban en el ascensor para evitar que comparen y te den la cena.

No pongo foto de mi puerta porque no me he lanzado a decorarla, pero como siga aquí más tiempo y aprovechando que es el último piso no descarto sacar el sofá al rellano para marcar territorio y ponerme las pilas con WikHow que explica como hacer un Rangoli para dar el campanazo en la próxima celebración.

Que tiemblen.

Namasté!


lunes, 8 de enero de 2018

Asaltante de cajeros

Hoy va una entrada sin fotos. Hace mucho que no escribo y tengo algunas guardadas que espero incluir en alguna entrada tan pronto como junte ganas, pero esta no las requiere.

Después de casi un mes en España he vuelto hoy a Hyderabad. Vuelta de vacaciones, de una estancia más larga de lo normal, de la Navidad...y lo primero que te recuerda donde vas, ya incluso antes de llegar, es el parte meteorológico que da el piloto poco antes de aterrizar: "En Hyderabad tenemos Smog y 17 grados".

En Madrid el cielo estaba nublado y nevaba, en Dubai despejado...¿qué tipo de condición meteorológica es "smog"?. Es el cruce de dos palabros en inglés, "smoke" (humo) y "fog" (niebla). ¿Puede haber algo más motivador para empezar una larga estancia que una contaminación atmosférica con denominación de origen?.

Puede. La contaminación acústica que recibes desde el taxi que te aleja de aeropuerto y te mete en la ciudad. Contaminación acústica con dos focos localizados, a saber: los bocinazos y los eructos del taxista.

Llego a casa agradeciendo que Hyderabad sea una de las ciudades más civilizadas y limpias de India.

Hasta aquí nada digno de reseñar. Por la tarde voy a sacar dinero a un cajero para reanudar mis rutinas diarias y aquí es donde me surge la necesidad de hacer esta entrada.

Con el hartazgo de la mañana, después de recorrer tres cajeros sin dinero (no reseñable) y de irse la luz (tampoco reseñable) mientras operaba en uno de ellos, llego a uno que por fin parece tiene billetes.

Está dentro de un habitáculo minúsculo que por supuesto no se cierra. Si no, no podría entrar gente a ver lo que marcas en la pantalla y la experiencia no sería completa.

Meto la tarjeta y ya tengo uno a mi lado. Le miro. Me mira. No llega a los cuarenta años, ni al metro y medio de altura ni a los 50 kilos. Vestimenta a la moda local, con sus chanclas, pantalones de pinzas y camisa por fuera con diseño y colores vivarachos. Todo le queda de campana.

Me echo hacia la izquierda de la máquina para cerrarle. Me voltea por detrás y se pone a mi derecha. La culpa es mía por dejar tanto hueco. Le miro. Me mira. Le hago un gesto de "¿qué, to bien?". Me sonríe y mira a la pantalla impaciente.

Me echo para la derecha de la máquina para cerrarle. Vuelta por detrás, hueco, y ahí está otra vez en primera línea. Le miro. Me mira. Levanto los hombros "¿qué coj...?". Me sonríe y mira a la pantalla impaciente.

Estoy demasiado cansado para esto después del viaje sin pegar ojo. Paso. Saco el dinero y me retiro del cajero dando un paso atrás mientras le hago el gesto de "venga, ansias". Me sonríe. Ahora no mira a la pantalla.

Extiende el brazo con una tarjeta amarilla en la mano. Me dice "Tres mil"

"¡No hombre, sácalo tú!"

"Tres mil", repite, mientras que con la tarjeta en la mano la extiende hacia mi y luego hacia el cajero varias veces sin dejar de sonreír.

"¡Pero tú sabrás tu código PIN!"

Sonríe. Extiende el otro brazo con la palma de la mano hacia mi cara. Apuntados a bolí cuatro números. Me agita la mano en la cara. "Tres mil".

Le he metido la tarjeta en la ranura, seleccionado el tipo de transacción, pedido que él pusiera el importe (3000, por si había dudas), aceptado, y pedido que él metiera el código PIN que llevaba apuntado en la mano antes de sacarle de su área personal y devolverle la tarjeta.

Me acompañaba un compañero de trabajo y los dos hemos dicho lo mismo: Esto solo pasa en India.

Un sitio peculiar y una situación inimaginable en nuestras cabezas.

Namasté!