Esta semana hablé con un futuro convecino de Calcuta que tiene previsto en breve empezar a residir en la Ciudad de la Alegría.
Durante la conversación surgió la cuestión, que ya me habían preguntado antes, de si aquí existían supermercados "normales", y entonces me di cuenta de que ya no podía ocultar por más tiempo la otra realidad de Calcuta.
No todo son mercados callejeros, puestos de chae, buscavidas y otros folclorismos.
¿Acaso no tendría yo muchas más visitas si en lugar de en un apartamento en Calcuta viviera en una casa al borde del Caribe?.
Pues ha llegado el momento de aceptar con resignación la horda de visitas que seguro me espera al reconocer públicamente que esto es casi, casi, lo mismo:
Calor y humedad todo el año, atuendos playeros por doquier con especial predominio de la chancla/ sandalia y agua...bueno, mar no hay, pero ahora que empieza el monzón tenemos lluvia todos los días y se forman unos charcos dignos de aparecer en los atlas (el link corresponde a un periódico local de la semana pasada tras las primeras lluvias).
Calor y humedad todo el año, atuendos playeros por doquier con especial predominio de la chancla/ sandalia y agua...bueno, mar no hay, pero ahora que empieza el monzón tenemos lluvia todos los días y se forman unos charcos dignos de aparecer en los atlas (el link corresponde a un periódico local de la semana pasada tras las primeras lluvias).
En los centros comerciales se pueden encontrar tiendas de Armani, Rolex, Gucci junto a otras marcas no tan elitistas. La zona de restauración y cines está en las plantas superiores y en los sótanos los supermercados pertenecientes a la cadena más importante, y diría que única, de Calcuta.
Estos centros comerciales son un oasis dentro del caos reinante en la calle y el lugar de esparcimiento y compras para expatriados y población local que tiene bastantes posibles, aunque no los suficientes como para evitar mezclarse con la gente.
Estos centros comerciales son un oasis dentro del caos reinante en la calle y el lugar de esparcimiento y compras para expatriados y población local que tiene bastantes posibles, aunque no los suficientes como para evitar mezclarse con la gente.
Hay un hecho que me llama la atención: a mis ojos, la gente que se ve en el centro comercial no se ve en la calle, y la gente que se ve en la calle no se ve en el centro comercial.
Lo de los primeros me lo explico suponiendo que esa clase media se mueve en coche de puerta a puerta precisamente porque ellos pueden.
El por qué la mayoría pobre jamás entra al centro comercial es más sencillo de entender. En parte porque aquí cada uno tiene asumido su lugar y ni siquiera hacen el amago y en parte porque en cada entrada hay vigilantes de seguridad.
Cuando hablo de pobres no me refiero a la idea de pobre tirado en la calle que conocemos por los medios, que también los hay en cantidad y son muy visibles en la ciudad, sino a esa gran mayoría no cualificada que trabaja por un salario que escasamente les da para pasar el día.
Como el sueldo de esos guardas de seguridad que vigilan la entrada, o el de cualquier empleado del supermercado, que jamás les permitiría poner un pie dentro del complejo si no llevasen el uniforme puesto.
Y sin embargo, subsistiendo en mínimos les da para mantener una familia consumiendo solamente productos básicos que mantienen un precio muy bajo gracias a la intervención del Gobierno.
Una subida ínfima del precio del arroz sería catastrófica para los cientos de millones de indios que jamás tendrán acceso a un centro comercial.
Y sin embargo, subsistiendo en mínimos les da para mantener una familia consumiendo solamente productos básicos que mantienen un precio muy bajo gracias a la intervención del Gobierno.
Una subida ínfima del precio del arroz sería catastrófica para los cientos de millones de indios que jamás tendrán acceso a un centro comercial.
Realidades paralelas en una sociedad con grandes diferencias que conviven sorprendentemente bien.
Namaste!
Namaste!