martes, 23 de septiembre de 2014

Ordenación del tráfico: La rotonda

Delante de mi oficina hay una rotonda.
 
Es una zona residencial, tranquila, y las dos calles que convergen son tipo bulevar, también tranquilas.
 
Al principio era solo una simple rotonda por donde los vehículos fluían como por el resto de Calcuta, de una manera normal sin normas.
 
El razonamiento inapelable de "si mi coche va igual por todos lados, ¿por qué limitar con carriles, direcciones prohibidas o sentidos de circulación?" dio como resultado la norma universal por la que se rige el tráfico Calcutí: "si hay asfalto, a mí me vale".
 
No había que complicarse con códigos de circulación ni leches y era tan sencillo conducir que lo podía hacer un niño, como se comprueba a diario a poco que te fijes.
 
Solo les hacia falta saberse la intuitiva cadena de atropello (peatón - bici - moto - tuk-tuk - coche - taxi - autobús/ camión ) y que pez grande se come a chico para salir a disfrutar de la conducción.
 
Pero a algún lumbrera, seguramente a algún iluminado con acciones en talleres de chapa y pintura, se le ocurrió la feliz idea de instalar rotondas y claro, ya la hemos liado. Con lo bien que iba todo.



Tráfico de hora punta en la rotonda.

En la circulación en rotondas, como ya expliqué en otra entrada, interviene un concepto más complejo: La cantidad de Movimiento.
 
El conductor no solo tiene que calcular la masa para ubicar en la escala de atropello al vehículo con el que se va a encontrar en su trayectoria y decidir, siempre en el último segundo, si tiene que apartarse él u el otro. Ahora en las rotondas, además, debe calcular la velocidad con la que viene su interceptor para decidir si ceder el paso o no.
 
Pondré un ejemplo para mostrar la habilidad, innata, que el proceso exige del conductor:
 
Caso 1: Un Tata pequeño con el santoral en el salpicadero, circulando alegremente por una calle en dirección contraria, digamos a 40km/h, ve venir un tuk-tuk de frente circulando correctamente por su carril a 70km/h. El Tata infractor no hace ni amago de parar ni de apartarse. Como mucho toca el claxon.
Caso 2: Mismo Tata con santoral ya dentro de una rotonda a 40km/h y el conductor ve acercarse por su ventanilla a un tuk-tuk entrando a la rotonda a 70km/h. El Tata se para en seco y deja que el tuk-tuk atraviese la rotonda con una trazada limpia sin atravesarle a él.
 
Hay ciertos truquillos que simplifican el cálculo. Por ejemplo, los autobuses no entran en el juego y tienen siempre prioridad.
 
Esto lo sé por observación y aún no lo he podido demostrar, pero mantengo la teoría de que, para que un autobús ceda el paso, el otro vehículo debería venir a una velocidad altísima. Tan alta que nunca se ha dado el caso, por lo que deduzco que la velocidad en realidad es inalcanzable. Esta velocidad insuperable, según Einstein, es la velocidad de la luz.
 
No sé si entre las inquietudes de Einstein estaba lazar un tuk-tuk a la velocidad de la luz a una rotonda en la trayectoria de un autobús para comprobar si éste se paraba, pero yo, como no tengo tuk-tuks a mano, me voy a quedar con la duda. Por ahora.  
 
Me he ido un poco del tema, pero la cosa es que las rotondas han traído muchos quebraderos de cabeza a los conductores, especialmente al núcleo duro del sector tradicional que se empeña en circular en dirección contraria.
 
Para reducir la siniestralidad y el caos, pusieron policía en la rotonda. En concreto uno por entrada.
 
En frente de mi oficina, zona residencial y tranquila, la rotonda en el cruce de dos calles tiene cuatro (c-u-a-t-r-o) policías.
 
Al parecer no contaron con el, digamos, escaso respeto que tienen los conductores a la autoridad de tráfico ni la intachable profesionalidad de los agentes, así que la presencia de un regimiento de policía tocándose la sardina a la sombra no dio los resultados esperados.
 
Viendo la que había liado y que se le iba de las manos, el ínclito promotor de las rotondas firmó un acuerdo con un fabricante de semáforos y, a comisión, los plantó en las rotondas sin juicio.
 
En concreto un semáforo por entrada le pareció poco y puso dos, puede que para garantizar sombra mañana y tarde a los policías que siguen ahí.
 
En frente de mi oficina, zona residencial y tranquila, la rotonda en el cruce de dos calles tiene ocho (o-c-h-o) semáforos.
 
Los semáforos, para mayor claridad, son de los de indicativo con flecha. Eso por si acaso el conductor, pobre, no se había dado cuenta de que por ese lado su salida está más cerca pero va en dirección contraria.
 
 
 
 
 
Rotonda, 4 policías y 8 semáforos con flechas...no vaya a ser que alguien se equivoque.
 
 
La rotonda en frente de mi oficina, que era una zona residencial y tranquila, con tanta gente y luces, ahora me recuerda a una feria.
 
Namaste! 

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