domingo, 22 de mayo de 2016

El final del verano

El verano en India se extiende desde mediados de Marzo hasta mediados de Junio, lo que no significa que la temperatura antes y después sea siquiera llevadera, sino que hace menos calor.

De mediados de Junio a mediados de Octubre tenemos el monzón que no consiste en que un día te levantas y el cielo está negro y ya no ves el sol hasta tres meses después, no, consiste en que un día te levantas y te dices "¡que bien!, hoy parece que hace menos calor" y cuando has decidido salir a la calle a respirar aire pur...bueno, a hacer gestiones, de repente se apaga el sol y llueve como en las películas de Rambo. Luego sale el sol otra vez más o menos cuando el agua te llega por los tobillos y la vida continua como si nada hasta el siguiente diluvio.

Podríamos decir que es como una primavera, pero mal regulada.

Pues bien, ayer aquí me levante contentísimo porque las temperaturas daban un respiro gracias al frescor del vientecito que soplaba y me dije: "¡que bien!, hoy parece que hace menos calor".

¿He mencionada que también hay una cosa que se llama "pre-monzón"?

A mediodía se nubló y el viento se animó bastante, pero mejor que contarlo he colgado dos minivídeos, el primero grabado desde el exterior, cuando aún me preocupaba que las sillas se mojaran, y el segundo ya desde el interior, calado tras los tres segundos de vídeo anterior, cuando lo que me preocupaba era que la mesa saliera volando:










En Hyderabad hacen falta pocas excusas para que haya apagones generalizados y empezar la tormenta e irse la luz fue todo uno. En este caso fallaron 67 (¡sesenta y siete!) transformadores según indican la prensa.

"Ven Mario..ven.." ¡NOOOO!
Ascensor en reposo
Como esto es habitual la casa está preparada para mantener ciertos servicios con baterías entre los que no se encuentra, curiosamente, el frigorífico.

El casero me advirtió de que las zonas comunes no cuentan con suministro de emergencia y viendo lo que se prolongaba (y lo que al final se prolongó) daba gracias de no usar el ascensor a pesar de vivir en un quinto.

Los cortes de luz, aunque añadían razones para no usarlo no fueron el motivo principal porque no imaginaba que tardasen tantas horas en resolverse.

El motivo principal es esa vocecilla que escuché el primer día que subí con el casero para ver el piso y que me decía "¡no te subas!..¡no te subas!". No sé si os suena, pero aquí la tengo muy activa y suelo hacerle caso, especialmente en lo referente a ascensores y comida.

También reconozco que soy muy aprensivo: el ascensor no se ha caído nunca hasta la fecha y seguro que cuenta con las minuciosas revisiones al día y paracaídas, frenos de emergencia y demás medidas de seguridad en perfecto orden de revista. Además, ya no se hacen motores como los de entonces..   

Volviendo dentro de la casa, las baterías tienen un límite y tras tres horas y sin visos de recuperar la corriente decidí darles descanso por si la cosa se extendía y salir a la calle a dar una vuelta con la excusa de ir al gimnasio al que me he apuntado esta semana y que está como a media hora andando, suficiente para disfrutar de un agradable paseo entre aceras levantadas, humo y pitidos sin (casi) llegar a perder el juicio.

Es esa distancia perfecta que caminada a 40 grados te hace llegar empapado en sudor con ganas de darte una ducha y volverte para casa.

Esperaba que el gimnasio, al ser un sitio fino, contase con generadores propios como así fue, aunque no alimentan a los equipos de aire acondicionado, por lo que tuve mi primera sesión de sauna del día sudando como solo he sudado aquí.

Muchacho esperando el bus, aunque la parada está un
poco a su izquierda...debajo del montón de ramas.
Inciso con nota para próxima entrada del blog: Lo que ocurrió en el gimnasio, en lo que era mi segunda visita, no me enorgullece y fue una muestra más del choque cultural y de lo conveniente que es tener los ojos muy abiertos para no quedar como un catetillo por esos mundos de Dios.

[Continúo] Bueno, no voy a mentir, desde el apartamento veía el caos de tráfico que perduraba aún tres horas después de la tormenta y quería ver las consecuencias de la lluvia en esta ciudad, supongo que por deformación profesional de anteriores ocupaciones.

Además antes de salir para ir a pie a cualquier lado yo no miro la distancia, sino que cuento con pánico el número de cruces de calle que tengo que hacer para llegar a mi destino.

Si como era el caso ayer la calle está saturada de coches, motos y tuk-tuks parados gracias a la lluvia mucho mejor, porque me facilita la labor aunque sea a costa de tener que apartar motos con toquecitos en la espalda de sus ocupantes para poder pasar (tan escaso es el espacio que queda) y añadir el olor a embrague quemado al ya de por sí incrementado ruido y humo.

Viendo el tráfico esperaba encontrarme charcos e incluso alguna zona inundada como sucede en Calcuta, pero esta ciudad está llena de cuestas y, por lo menos en la zona en la que vivo, el agua corría colina abajo que daba gusto.

 
Árbol medio caído, no pasa nada: aún se puede pasar
Lo que encontré fueron ramas y árboles caídos.

No puedo decir que me sorprendiera porque el viento llegó a los 100 km/h, pero si que no fuera uno o dos, sino que todos los árboles que encontré en mi camino habían perdido ramas que ya habían sido diligentemente apiladas sobre las escasas aceras relegando a los peatones a buscarse la vida y reflejando claramente quien está sobre quien en la cadena de la circulación.

Por si alguien tiene dudas, aquí nada anima al paseo.

La lección aprendida es que nadie se preocupa de sanear los árboles y son las lluvias y el viento los que se encargan de hacer la poda cuando la rama no está sana, como manda la ley de Selección Natural.

Me conviene recordar esto las próximas veces que camine ufano y confiado ya que hasta donde sé a mi no me cubre aún la creencia local en la reencarnación.

Mientras caminaba ignorando el párrafo anterior pasé sin darme cuenta de la sorpresa inicial por el numero de árboles dañados (absolutamente todos) a pensar cómo la gente seguía moviéndose sin inmutarse esquivando los restos e ignorando los relámpagos que aún amenazaban. Y lo más sorprendente era que yo era uno de ellos solo que sin el escudo de la reencarnación.

Sabiendo cómo son las ciudades indias (anuncios, andamios, estructuras temporales que son permanentes...) y la cantidad de gente que hay en todos lados, parecía imposible pensar que no hubiera habido victimas y ahora, después de leer los periódicos y las fotos que publican (noticia, fotos), sigue pareciendo milagroso que solo hubiese tres muertos.

Por cierto, el corte de luz no se resolvió hasta el día siguiente, lo que me permitió pasar una noche de sauna muy buena (segunda del día).

Pero no estamos aquí para quejarnos de los cortes de luz sino para colaborar a resolverlos, ¿no?.

Namasté!

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