lunes, 19 de enero de 2015

Cinco kilos de naranjas


 
La entrada de hoy carece de interés para todo el mundo, menos para mí. Ni siquiera lleva fotos.
Lo hago a modo de terapia para que no se me olvide que cada surco hace la huella más onda.
También puede servir para entender a ese típico testigo que mirando unas siluetas dibujadas en el suelo con tiza entre restos de naranja triturada dice a la cámara con asombro “Quién lo iba a decir..hace dos días cuando estuvo aquí parecía una persona normal, decía buenos días y bebía todo el té que le ponían..pero hoy algo le pasó que se puso a dar narajanzos a diestro y siniestro gritando no sé qué de que se iba a hacer un zumo a porrazos”.

Pues si, esas cosas pasan.
Hoy he visitado dos ciudades del estado de Orisha donde nuestro contacto me había organizado sendas reuniones con los más altos dirigentes políticos y técnicos para hacerles una presentación de la empresa y dar a conocer nuestro trabajo por si en el futuro surgiera algún proyecto.
En estas ocasiones yo soy un mandado. El viaje lo planea y organiza nuestro contacto en cada zona, que es quien tiene relaciones a ese nivel. Él dice cuándo, cómo, dónde y a quién. En está ocasión era una cosa sencilla aunque incluyera madrugón: dos ciudades, dos reuniones, ir y volver en el día.
Salgo de casa a las 5am para coger un avión que a las 8.30am nos deja en la primera ciudad. Ahí nos está esperando un coche que en diez minutos nos deja en el despacho del alcalde que, debo reconocerlo, me sorprende gratamente porque está ya trabajando. No solo eso, sino que está recibiendo a la gente de la ciudad, un poco desordenadamente ya que todo el mundo estaba arremolinado alrededor de la mesa a la vez, pero aún así, muy valorable.
A mi me dan situación de privilegio, en primera línea y con silla. Primer té de la mañana mientras que consiguen que entre llamadas y firmas se centre en mi y me presento. Muestra interés, eso es bueno, pero cuando voy a encender el ordenador como paso previo a soltarle la chapa correspondiente apoyada en una maravillosa presentación me dice que si, que si..pero mejor, que ya si eso, se la suelte a su personal técnico del ayuntamiento.
Llama por teléfono, habla con alguien, y nos dice que nos están esperando en otro departamento. Coche y cambio de edificio. Las 10am. Nos reunimos con un señor, también muy amable, que ya nos anticipa que él llevó el tema del saneamiento durante ocho años, pero que ya no. Segundo té de la mañana. Aún así nos pide que le suelte la chapa, así que como yo he ido para eso, me arranco.
A punto de terminar y a la enésima interrupción de móvil, me dice que le está llamando un jefe, y que lo mejor es que a las 5pm vuelva a su oficina, que el va a organizar una reunión con todos los ingenieros del departamento que de verdad llevan el saneamiento, y que les suelte a ellos otra vez la chapa, que me ha quedado muy redonda y ellos van a estar entregados.
En fin. Bueno, pues vale. Yo he venido a eso, me repito, aunque son ya las 11am y aún no he encontrado a nadie que me escuche. Calma, está todo perfectamente organizado y hasta las 5pm tenemos un plan B: la segunda ciudad.
Mi contacto me sube en el coche y en 20 minutos estamos en la otra ciudad, que ya de entrada parece bastante menos avanzada, por decirlo finamente. Las 11.30am. Vuelvo a cargar mi maleta por las escaleras, con el portátil y las copias impresas de las que aún no he soltado cási ninguna.
Nos recibe la alcaldesa y un grupo de políticos que no paran de hablar por teléfono. Cada vez que tocas una silla en un despacho público, té (tercero).
Los políticos, como los españoles: Ni palabra de inglés. Así que es mi contacto el que les cuenta en el idioma local la presentación que yo había preparado basándose en lo que me había escuchado que le acababa de contar al de la ciudad vecina.
Mi contacto no tiene ni idea técnica de lo que hacemos, pero por suerte estoy seguro de que los políticos tampoco se estaban enterando de nada de lo que les decía porque ellos reconocían no saber cómo era el saneamiento de su ciudad y, además, la conversación era imposible que transmitiera ningún mensaje porque se interrumpía cada 15 segundos por alguna llamada de móvil.
En una de esas paradas, a medias de la presentación, noto que ya no se reanuda. Al parecer era el Commissioner, un alto cargo ejecutivo que suele saber de las cosas mundanas del ayuntamiento (iluminación, carreteras, saneamiento y estás chorradas). Que viene. Hay que empezar de cero otra vez. Ah, bien, son solo las 12pm y hasta las 5pm tenemos tiempo.
El Commissioner es un tipo simpático y sonriente que habla inglés. Esta es la mía. Comienzo desde el principio la chapa  otra vez y todos los políticos, que no entienden ni palabra, mantienen silencio. Corro, he pillado un minuto en el que no hay ninguno haciendo o recibiendo llamadas y hay que aprovechar.
El Commissioner sabe de que va la cosa porque la aprobación de todos los proyectos que ejecuta el ayuntamiento pasa por él. Su interés nos interesa, y la cosa parece que va bien porque interactúa. Hace preguntas. Bien, he conseguido su atención. Cuando faltan cinco diapositivas, cinco, para acabar la presentación me dice que en esa ciudad no hay saneamiento.
¿?
Pero vamos a ver; si nosotros nos dedicamos a rehabilitar el saneamiento, y tu ciudad no tiene saneamiento…¿me puede traer alguien cinco kilos de naranjas?. A un lado el comisionista, y al otro mi contacto que me ha organizado el viaje y la presentación en una ciudad sin saneamiento.
Pero la cosa es que al Commissioner le interesa, y eso es bueno. Oye, ya que estoy aquí buscando un sentido al viaje, que alguien que es responsable de proyectos conozca a la empresa no es malo.
Quiere que le contemos lo qué hacemos y cómo lo hacemos a los ingenieros de su ayuntamiento. Hasta las cinco hay tiempo y la verdad, ya que estoy, me da igual. Yo soy así de espléndido
Ahí es cuando dice ”¡pues no se diga más! (traducción libre), entonces organizo una reunión con todos lo ingenieros. ¿os viene bien dentro de dos (¡2!) días a las once y media?”. Me quedé tan sorprendido con la planificación que antes siquiera de echar de menos tener a mano una red de naranjas, mi contacto ya había respondido “¡perfecto!, en dos días nos vemos aquí”.
Salimos, la 1pm.
 
Analizando la situación e intentando comprender lo que acaba de pasar, repaso mentalmente los hechos a ver si me he pedido algo: voy a volver en avión dentro de dos días para explicar cómo reparamos el alcantarillado a una ciudad que no tiene alcantarillado.
No. Sigo sin entenderlo. Paso de discutir con mi contacto. Dentro de dos días me vuelvo a levantar a las cuatro de la mañana para explicarle, a gente que no me entiende, como reparamos un saneamiento que no tienen.
No voy a darle más vueltas ni ser crítico con la planificación del viaje ni con los estupendos contactos. Hay que ser positivo si no quieres perder el juicio. Ya está, ya pasó. Nuestro objetivo primordial era la primera ciudad, más grande y con más infraestructura que reparar y a las 5 nos reunimos con todos los técnicos. El resto es accesorio.
Vamos a comer. Aunque lo intento evitar, me sigue tentando preguntarle a mi contacto qué oportunidad de negocio ha visto cuando ha aceptado la invitación que nos va a costar dos billetes de avión extra y perder un día entero, pero me temo que la respuesta me desvelaría, así que como y callo.
Las 4pm, hora de ir a explicar nuestras habilidades con el saneamiento a los ingenieros de la ciudad que, efectivamente, tiene saneamiento.
 
Llegamos a las cuatro y media. Bien, así vamos conectando el proyector, repartiendo la documentación..Maleta para arriba otra vez. Es pronto y el señor amable que llevó el saneamiento anteriormente y que quedó en organizar la reunión con los técnicos a las cinco, está reunido "en otro lao". Es normal, es pronto y es gente ocupada.
Esperamos. Otro té. Lo rechazo por sobrecarga. El chico del té me mira raro. Tanteo en busca de una saco de naranjas por debajo de la mesa. No hay suerte.
Las cinco.
Las cinco y media.
Las seis.
Nos vamos dejando recado a uno que pillamos por allí de que, ya si eso, le diga al jefe que hacemos las reunión dentro de dos días a las tres de la tarde, cuando acabemos de explicarles a los ingenieros de la ciudad sin saneamiento cómo reparar el saneamiento.
Nos vamos al aeropuerto.
Llegamos de vuelta a Calcuta a las 9.30pm y de ahí, cada mochuelo a su olivo.
Sensación de deber cumplido y grandes expectativas para el viaje de pasado mañana.
También firme propósito de viajar con cinco kilos de naranjas en red.
Creo que uno de los días más absurdos desde que llegué. Incluyendo aquél día con el M.A indio en el melonar que voy a intentar recuperar para poner por aquí.

Pasado mañana vuelvo.
 
Quién lo iba a decir..hace dos días cuando estuvo aquí parecía una persona normal, decía buenos días y bebía todo el té que le ponían..pero hoy algo le pasó que se puso a dar narajanzos a diestro y siniestro gritando no sé qué de que se iba a hacer un zumo a porrazos.
Namaste!
 

2 comentarios:

  1. Hummmm....¿Te voy pidiendo plaza en el siquiátrico de Cinempozuelos?¿O prefieres que te saque entradas para la Tomatina de Buñol?

    ....Creo que esa es la mejor opción, liarse a tomatazos seguro que relaja mucho...Jajajajajajajajajaja....Que horror, Mario, que horror!!!!!!!!!!!!!!!!!....

    Tómatelo con calma, eh?

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    1. Calla, calla...que está semana, diez días después del viaje a la ciudad sin saneamiento que contaba en la entrada, otro de nuestros contactos nos ha pedido permiso para actuar en una ciudad en la que hay muchas posibilidades de trabajo.
      ¿Adivinas cual?
      ¡Premio!
      Ni le contesté

      Gracias por comentar!

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