Uno de los negocios que recuerdo que más me llamaba la atención al principio era el de reparación de teléfonos móviles. Estos comercios aquí son multitud y en Europa no estamos acostumbrados a verlos.
Para empezar, por lo que choca ver carteles de marcas punteras como Nokia o Vodafone enormes, nuevos y a todo color en un comercio de 2x2 metros en el que el cliente es atendido desde la calle y sin mantenimiento desde hace siglos ni más fachada que un cierre metálico.
Para empezar, por lo que choca ver carteles de marcas punteras como Nokia o Vodafone enormes, nuevos y a todo color en un comercio de 2x2 metros en el que el cliente es atendido desde la calle y sin mantenimiento desde hace siglos ni más fachada que un cierre metálico.
Bajo el mostrador de cristal puedes encontrar amontonados decenas de teléfonos deshechados en sus versiones más simples. Se utilizan para servir de piezas de repuesto para futuras reparaciones o directamente para ser vendidos a clientes que tengan el mismo terminal y necesiten un teclado, una bateria o una pantalla.
Harto de escuchar "no, esa pieza no la tengo, tienes que llevarte uno entero" reconozco que ver al señor concentrado soldando sobre el mostrador las tripas de un teléfono me producía sensación de tranquilidad.
La tranquilidad de saber que igual que ese señor te arregla - o lo intenta, seamos realistas - el móvil, otro te reparará una bomba de agua cuando se te averíe (esas cosas siempre se averían en el peor momento) o alguien en un pueblo perdido te arreglará el aire acondicionado del super Tata alquilado de turno en quince minutos en medio de un viaje.
Todas esas cosas, y más, me han pasado y se han resuelto antes si quiera de que se convirtieran en un problema.
Y es que aquí, además de que la necesidad agudiza el ingenio, mucha gente vive de un oficio y por lo tanto sabe, o mejor dicho, sabe hacer.
La foto del "motohuevo" adjunto me gusta mucho.
Está sacada en un barrio en la zona norte de Calcuta, como veís, bastante humilde
El vehículo también es muy humilde y probablemente la herramienta para el sustento de la familia. No está en el taller, sino en la puerta de la casa del dueño.
El señor en cuestión ha sufrido una avería y el taller es un lujo, pero la necesidad aprieta y el vehículo debe funcionar.
Los medios son mínimos y a él se la pelará el detalle mientras consiga que vuelva a arrancar...y sin duda arrancará.
Probablemente no sepa leer ni escribir, pero tiene un conocimiento práctico y habrá montado y desmontado ese motor tantas veces que lo podría hacer con los ojos cerrados. ¿No es llamativo?
En la foto de abajo se ve (mala calidad porque la saqué desde el coche) a otro lugareño que se ha desmontado la moto entera en la acera y por tanto puede entenderse que tenga previsto montarla en el mismo día.
Y lo mismo que pasa con los teléfonos y los motores pasa con el resto de cosas. Si te hace falta arreglar un televisor, un aire acondicionado, o un frigorífico no tardarás mucho en encontrar a alguien que se dedique a ello. O alguien que conoce a alguien.
Esto parece muy bonito, pero lamentablemente la realidad es que se repara de manera chapucera, en parte por las limitaciones económicas pero más por la falta de autoexigencia, así que todo vale y así se queda la ñapa hasta que literalmente se caiga sola otra vez.
Realmente una pena
En Occidente estamos más acostumbrados a reponer que a reparar. La razón principal es que sería muy caro por los costes de mano de obra y es más rentable reponer piezas que desmontarlas y arreglarlas
La duda es si eso no nos estará llevando poco a poco a una falta de saber hacer.
Namaste!
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